A 50 años de la matanza en Salta: “La Masacre de Palomitas sigue interpelándonos”

Familiares, organismos de derechos humanos y estudiantes se congregaron en el paraje salteño para homenajear a los 11 presos políticos fusilados en 1976. Advierten sobre los riesgos de naturalizar la indiferencia y la crueldad en el escenario político actual.

A medio siglo de uno de los capítulos más atroces de la dictadura militar en el norte argentino, la herida de la Masacre de Palomitas se mantiene abierta, no como un mero ejercicio de nostalgia, sino como un faro de advertencia para el presente. Bajo la consigna de que la verdad histórica es el único antídoto contra el olvido, organizaciones sociales, familiares y jóvenes estudiantes se reunieron junto al monolito que señaliza el lugar de la matanza para conmemorar y reflexionar sobre el impacto de aquel crimen de lesa humanidad.

“La Masacre de Palomitas sigue interpelándonos”, fue una de las frases centrales del acto que resonó con fuerza en el despoblado paraje ubicado a la vera de la Ruta Nacional 34, a unos 50 kilómetros de la capital salteña. Los oradores coincidieron en que la memoria de las víctimas adquiere un carácter urgente ante los discursos que pretenden relativizar el terrorismo de Estado.

6 de julio de 1976: La parodia del “enfrentamiento”

Hace exactamente cincuenta años, el terrorismo de Estado aplicaba su método de exterminio en Salta. Once detenidos políticos que se encontraban alojados en el penal de Villa Las Rosas fueron sacados de sus celdas bajo la falsa promesa de un “traslado”. La orden provino del coronel Carlos Alberto Mullhal, entonces jefe del Destacamento de Caballería Blindada 141, y fue ejecutada por el capitán Hugo César Espeche.

Los prisioneros fueron llevados en un camión militar hasta el paraje Palomitas. Allí, en la total oscuridad y el desamparo de la noche, fueron puestos en fila y fusilados de manera sumaria. Para justificar el crimen, el régimen cívico-militar emitió comunicados oficiales asegurando que las muertes se habían producido durante un “intento de fuga y enfrentamiento armado con fuerzas de seguridad”, una burda mentira que los familiares desarmaron con décadas de militancia y perseverancia judicial.

Las 11 vidas truncadas en Palomitas:

  • Celia Leonard de Ávila y su esposo Benjamín Ávila

  • Evangelina Botta de Nicolay

  • Georgina Droz (cuyo cuerpo, junto al de Botta, nunca fue recuperado)

  • María Amaru Luque de Maza

  • María del Carmen Alonso de Fernández

  • Pablo Outes

  • José Povolo

  • Ricardo Savransky

  • Rodolfo Usinger

  • Roberto Oglietti

El quiebre de la impunidad y la advertencia al presente

La lucha colectiva hizo posible romper el pacto de silencio de la dictadura. En los históricos juicios conocidos como Palomitas I y Palomitas II, la Justicia Federal de Salta dictó condenas a prisión perpetua para los máximos responsables militares y policiales de la provincia, entre ellos Luciano Benjamín Menéndez, Carlos Alberto Mullhal, Miguel Raúl Gentil, Hugo César Espeche, Joaquín Guil y Juan Carlos Alzugaray.

Durante el acto de este aniversario, se rindió un profundo homenaje a las madres, padres, hijos y abogados que durante cinco décadas sostuvieron en alto las banderas de la memoria. “La historia de Palomitas demuestra que la verdad puede demorarse, pero no desaparecer”, destacaron los familiares.

Alerta colectiva: En un documento consensuado, los organismos advirtieron sobre el peligro de las corrientes políticas que intentan legitimar la violencia institucional o relativizar los consensos democráticos alcanzados en 1983. “El autoritarismo nunca comienza con los hechos más extremos. Empieza cuando se naturaliza la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. Comprendimos que la democracia nunca está definitivamente conquistada, por eso la respuesta hoy no puede ser la resignación, la respuesta debe ser más democracia”.

El aporte de las nuevas generaciones marcó el cierre de la jornada. Estudiantes secundarios sumaron sus voces mediante lecturas y expresiones artísticas, confirmando que el compromiso con el Nunca Más no es un patrimonio del pasado, sino un contrato social que se reelige todos los días.

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