Tras una entrevista que diaro La Prensa le realizara al Doctor Mario Borini en relación a distintos organismos internacionales que tienen un sólo jefe y un solo objetivo que es la alteración del organismo del sistema de vida a través de imponer perjuicios como si fueran beneficios.
He aqui la explicación de este honorable médico…
El dilema de la Epidemiología Social frente a la presunta pandemia
El dilema de la Epidemiología Social frente a la presunta pandemia
Cada vez resulta más perentorio plantearse y replantearse el verdadero alcance de la llamada “vacuna covid 19”. Entre los principales interrogantes que planteo, se encuentran:
*¿Hay un límite para la cantidad de vacunas? O sea, ¿el paradigma vacunal es cuántas más vacunas, mejor? Pensemos que en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS habría 350 que son vacunables.
*¿Por qué los ensayos, inevitablemente limitados a ciertas poblaciones y ambientes, proponen las mismas vacunas para todos, en todos lados?
*¿Hay absoluta seguridad de que los beneficios de vacunarse superan a los riesgos?
*¿Por qué se aplican vacunas sin necesidad de una indicación médica?
*¿Hay una justificación sanitaria o médica para imponer de hecho el pase sanitario o la obligatoriedad?
*¿Está completamente estudiada la interacción de todas las vacunas entre sí y con otros productos como medicamentos, sueros y alimentos?
*¿Hay seguridad de sus efectos a mediano y largo plazo?
*¿Por qué se invocan condiciones del mercado como si fueran suficientes para imponer la confidencialidad de la vacuna y la impunidad del productor en caso de daños (Ley 27.573 de Argentina)?
*¿Cómo resolver la oposición entre legislaciones de Argentina que, por un lado, defienden la autonomía personal (Ley de Derechos del Paciente, 26529, art. 2, inc. e) y, por otro, pueden hacer prevalecer el interés social (CCC, art. 17)?
*¿Por qué el poder político incita al enfrentamiento cuando informa que los no-vacunados pueden enfermar a los vacunados, si cada uno es libre y a éstos últimos nada les impide protegerse?
*¿Por qué no se suspende inmediatamente la vacunación cuando las muertes, registradas oficialmente por covid 19 aumentaron drásticamente en el mundo (https://www.worldometers.info/coronavirus/) y en casi todos los países, incluyendo a la Argentina? (https://www.argentina.gob.ar/salud/deis/publicaciones)?
*Si su acción inmunizante está descalificada por el exceso de muertes con su aplicación, ¿por qué se la sigue llamando “vacuna”?
A mi entender, la respuesta más general a estas preguntas es que la vacunación implica un conflicto entre principios éticos: la autonomía versus el beneficio y versus la justicia. Son los tres principios de mayor presencia en la discusión ética de hoy. Que tienen a la población, a los trabajadores de la salud y a las instituciones del Estado como sus responsables primarios, respectivamente.
A pesar de que confrontan teóricamente entre sí, la mayoría de las veces esa confrontación es una falsa opción, dado que, para cierta situación, la importancia de cada principio no es la misma en todos los casos.
Frecuentemente, las oposiciones técnicas como, por ejemplo, virus existente o inexistente, o utilidad o no de la medicina, son falsas opciones. Porque en algunos casos dependen de más investigación, como en la demostración de un virus, y en otros dependen de la aplicación práctica de un saber, como en la utilidad de la medicina.
Tanto que, sin la investigación, o sin examinar su aplicación, no se resuelven las preguntas acerca del virus o de la medicina, respectivamente ¿Por qué nos interesan esas falsas opciones? Porque si existen, podemos descubrir el objetivo de su uso ascendiendo a niveles de decisión más altos. En este caso, y para tomar dos entidades mundiales supuestamente reguladoras, ejemplificaremos con la Organización Mundial de Comercio (OMC), por un lado, que inclinará la balanza a favor de la industria de vacunas, y a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que hará lo propio a favor de que los decisores de su aplicación sean los trabajadores.
Como ambos organismos dependen de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), si hay un conflicto entre ellas, es aparente, unificado en la política de la Organización madre.
Si situamos el conflicto en un nivel menor, como el de un estado-nación, intervienen los poderes del gobierno. ¿Qué harán para resolverlo? Consultarán las normas que consagran acuerdos supuestamente sociales, nacionales e internacionales. ¿Y qué encontrarán? Contradicciones. Entonces, respaldarán la resolución del conflicto en la norma que favorece, justamente, al poder dominante o hegemónico.
De modo que, si hay discrecionalidad para elegir una u otra norma, según conveniencia, y no según su valor de verdad, surge la duda: ¿no será que ese poder necesita inventar una contradicción normativa para aumentar las opciones en la decisión? ¿No será que en toda la pirámide del derecho se incorporan contradicciones exprofeso, para resolver cada situación de acuerdo al interés de un poder mayor?
Esto es más claro en muchos países donde, como en la Argentina, el pueblo no elige al poder judicial, sino a los otros dos poderes, que son los que nombran al judicial que los juzga. Se plasma así una ruptura en la constitución de una democracia, ya que el poder judicial que evalúa, es contratado por los poderes evaluados: el poder que hace el plan (el poder legislativo) y el poder que lo gestiona (el poder ejecutivo).
Cuando los conflictos potenciales derivan en un enfrentamiento real en la base social, ésta no advierte siempre, ni inmediatamente, la falsa opción entre independencia y connivencia de esos poderes, que convienen esas condiciones en la mesa de juego del valor social y personal a tutelar. Al igual que con otras falsas opciones. Hasta el punto de que se prende en la discusión hasta extraviarse o desangrarse entre bandos. Es una de las razones de la falsa paradoja por la cual 8 mil millones de personas atentan contra sí mismos, siguiendo los intereses de unos pocos.
El dilema de la Epidemiología Social frente a la presunta pandemia
Cada vez resulta más perentorio plantearse y replantearse el verdadero alcance de la llamada “vacuna covid 19”. Entre los principales interrogantes que planteo, se encuentran:
*¿Hay un límite para la cantidad de vacunas? O sea, ¿el paradigma vacunal es cuántas más vacunas, mejor? Pensemos que en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS habría 350 que son vacunables.
*¿Por qué los ensayos, inevitablemente limitados a ciertas poblaciones y ambientes, proponen las mismas vacunas para todos, en todos lados?
*¿Hay absoluta seguridad de que los beneficios de vacunarse superan a los riesgos?
*¿Por qué se aplican vacunas sin necesidad de una indicación médica?
*¿Hay una justificación sanitaria o médica para imponer de hecho el pase sanitario o la obligatoriedad?
*¿Está completamente estudiada la interacción de todas las vacunas entre sí y con otros productos como medicamentos, sueros y alimentos?
*¿Hay seguridad de sus efectos a mediano y largo plazo?
*¿Por qué se invocan condiciones del mercado como si fueran suficientes para imponer la confidencialidad de la vacuna y la impunidad del productor en caso de daños (Ley 27.573 de Argentina)?
*¿Cómo resolver la oposición entre legislaciones de Argentina que, por un lado, defienden la autonomía personal (Ley de Derechos del Paciente, 26529, art. 2, inc. e) y, por otro, pueden hacer prevalecer el interés social (CCC, art. 17)?
*¿Por qué el poder político incita al enfrentamiento cuando informa que los no-vacunados pueden enfermar a los vacunados, si cada uno es libre y a éstos últimos nada les impide protegerse?
*¿Por qué no se suspende inmediatamente la vacunación cuando las muertes, registradas oficialmente por covid 19 aumentaron drásticamente en el mundo (https://www.worldometers.info/coronavirus/) y en casi todos los países, incluyendo a la Argentina? (https://www.argentina.gob.ar/salud/deis/publicaciones)?
*Si su acción inmunizante está descalificada por el exceso de muertes con su aplicación, ¿por qué se la sigue llamando “vacuna”?
A mi entender, la respuesta más general a estas preguntas es que la vacunación implica un conflicto entre principios éticos: la autonomía versus el beneficio y versus la justicia. Son los tres principios de mayor presencia en la discusión ética de hoy. Que tienen a la población, a los trabajadores de la salud y a las instituciones del Estado como sus responsables primarios, respectivamente.
A pesar de que confrontan teóricamente entre sí, la mayoría de las veces esa confrontación es una falsa opción, dado que, para cierta situación, la importancia de cada principio no es la misma en todos los casos.
Frecuentemente, las oposiciones técnicas como, por ejemplo, virus existente o inexistente, o utilidad o no de la medicina, son falsas opciones. Porque en algunos casos dependen de más investigación, como en la demostración de un virus, y en otros dependen de la aplicación práctica de un saber, como en la utilidad de la medicina.
Tanto que, sin la investigación, o sin examinar su aplicación, no se resuelven las preguntas acerca del virus o de la medicina, respectivamente ¿Por qué nos interesan esas falsas opciones? Porque si existen, podemos descubrir el objetivo de su uso ascendiendo a niveles de decisión más altos. En este caso, y para tomar dos entidades mundiales supuestamente reguladoras, ejemplificaremos con la Organización Mundial de Comercio (OMC), por un lado, que inclinará la balanza a favor de la industria de vacunas, y a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que hará lo propio a favor de que los decisores de su aplicación sean los trabajadores.
Como ambos organismos dependen de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), si hay un conflicto entre ellas, es aparente, unificado en la política de la Organización madre.
Si situamos el conflicto en un nivel menor, como el de un estado-nación, intervienen los poderes del gobierno. ¿Qué harán para resolverlo? Consultarán las normas que consagran acuerdos supuestamente sociales, nacionales e internacionales. ¿Y qué encontrarán? Contradicciones. Entonces, respaldarán la resolución del conflicto en la norma que favorece, justamente, al poder dominante o hegemónico.
De modo que, si hay discrecionalidad para elegir una u otra norma, según conveniencia, y no según su valor de verdad, surge la duda: ¿no será que ese poder necesita inventar una contradicción normativa para aumentar las opciones en la decisión? ¿No será que en toda la pirámide del derecho se incorporan contradicciones exprofeso, para resolver cada situación de acuerdo al interés de un poder mayor?
Esto es más claro en muchos países donde, como en la Argentina, el pueblo no elige al poder judicial, sino a los otros dos poderes, que son los que nombran al judicial que los juzga. Se plasma así una ruptura en la constitución de una democracia, ya que el poder judicial que evalúa, es contratado por los poderes evaluados: el poder que hace el plan (el poder legislativo) y el poder que lo gestiona (el poder ejecutivo).
Cuando los conflictos potenciales derivan en un enfrentamiento real en la base social, ésta no advierte siempre, ni inmediatamente, la falsa opción entre independencia y connivencia de esos poderes, que convienen esas condiciones en la mesa de juego del valor social y personal a tutelar. Al igual que con otras falsas opciones. Hasta el punto de que se prende en la discusión hasta extraviarse o desangrarse entre bandos. Es una de las razones de la falsa paradoja por la cual 8 mil millones de personas atentan contra sí mismos, siguiendo los intereses de unos pocos.
FALSAS OPCIONES
Franz Fanon lo explica muy bien cuando aborda el inconciente colectivo como resultado de una construcción social, a diferencia de Carl Jung, que lo considera innato. Según Fanon en ‘Los condenados de la Tierra’, los crímenes entre argelinos se redujeron drásticamente cuando crearon el proyecto común de liberación frente al colonialismo francés. Si se repite esta experiencia, no podremos cambiar de carril si no descubrimos las falsas opciones y otras falacias en nuestras rencillas domésticas.
¿Y qué tiene que ver esto con una vacunación mundial? Que los conflictos entre la autonomía versus la coerción, en su aplicación, se resuelven conjugando mundialmente los intereses subjetivos del personal de salud y de la población, con los intereses objetivos de la financiación y comercialización de vacunas. Ingeniería corporativa pública y privada, gremial y empresaria, económica, política y social de alta escuela.
¿Será que podemos esperar que la OMC y la OIT se enfrenten para resolver sensatamente esta puja entre el polo del capital y el polo social? Lo que vimos hasta ahora dice que no se enfrentarán. Por el contrario, actuarán al unísono, impulsando tecnologías de manipulación política, productiva y social, que favorecerán a las corporaciones del capital como del trabajo.
Así se explica la universalización de los Calendarios de Vacunación y, suspicazmente, el aumento del gasto público en las vacunas de producción privada, pese a que agrava el endeudamiento de una amplísima mayoría de países. Y es un gasto creciente: en países en desarrollo, aumentó 5 veces por cada niño vacunado entre 1980 y 2010, según un informe de Vacunación e Inmunización entre OMS-UNICEF y Banco Mundial.
La contradicción capital-trabajo, tan cara al liberalismo como al socialismo, se está resolviendo incorporando un tercer factor, la tecnología, que los maravilla, simbólicamente, en la dirección de los poderes que hoy gobiernan al mundo: el económico sobre los recursos, el político sobre las instituciones, y el militar sobre las estructuras físicas de cuerpos y geografías. Porque, ¿qué lograrían estos poderes materiales sin el respaldo cómplice de empresarios, gobiernos y sociedades, deslumbrados por un hijo dictador como la tecnología en este momento del mundo?
¿Qué poderes quedan para la resistencia, por parte de una parte minúscula de la población? El poder de la información y el poder moral.
Estos son, entonces, en el caso de la vacunación covid 19, los poderes a demoler. El de la información, mediante la confidencialidad de los convenios para su compra. Y el moral, criminalizando a quienes no se vacunen, como si por ello no fueran solidarios. Así, la vacuna se vuelve esencialmente fantasmal. O sea, algo que se presume o supone, pero que no es, o no es seguro que lo sea. Y quienes no se la apliquen serán estigmatizados como fantasmales: seres que parecen sociales, pero se supone que no lo son, o se presume que no es seguro que lo sean.
Ojalá este planteo interese para buscar una respuesta fundamental a una pregunta de la Epidemiología Social para hoy: ¿las vacunas covid 19 son fundamentalmente para la salud o para la dominación social?
Por Dr. Mario Borini
Fuente: Diario La Prensa

