La insólita “autocuarentena” de un argentino que volvió de China y el estricto régimen de una cordobesa en el corazón de la epidemia – ARGENTINA

Desde la ventana de su habitación en un hotel en Hangzhou, provincia de Zhejiang, Febe Dezalot observa la calle y nota que el tránsito recupera la normalidad de a poco. Aunque todos usan barbijos y las alarmas por el coronavirus no ceden, la semana pasada culminaron las vacaciones que el gobierno de China extendió por la epidemia que tiene en vilo a las máximas autoridades sanitarias del planeta. Lejos de la preocupación, a la joven licenciada en Relaciones Públicas de 25 años la invade el aburrimiento: aunque no tuvo ningún síntoma, la universidad en la que estudia le negó el acceso al campus y debió someterse a una cuarentena estricta, que incluyó hasta la firma de una declaración jurada y el encierro.

Dezalot tiene 25 años y desde hace seis meses vive en China, a donde viajó luego de ganar una beca del gobierno para estudiar idiomas. Semanas atrás, cuando la epidemia comenzaba a provocar alerta, viajó de vacaciones a Indonesia y Filipinas. Cuando regresó al campus universitario en Hangzshou, a mediados de febrero, le negaron el acceso. “Si te movés de una ciudad a otra podés incubar el virus. Tengo que estar 14 días encerrada sin poder salir, me traen la comida tres veces al día”, le dice a BigBang desde su habitación.

 

Para la Organización Mundial de la Salud, el mundo “no está listo” para la epidemia del coronavirus. El jefe del equipo de expertos de la OMS que viajó a China, Bruce Aylward, advirtió que se debe estar preparado para manejar el virus “a mayor escala y rápidamente”. Días antes, el director del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, indicó que el planeta debía prepararse para “una eventual pandemia”. Hasta este miércoles, había 81.245 personas contagiadas y 2.770 víctimas mortales; la mayoría de ellas en Hubei, la provincia china que tiene como capital a Wuhan, donde comenzó el contagio. Los datos indican que otras 30.311 personas que se recuperaron.

Miro series, muchas películas y empecé a hacer yoga, no está bueno estar quieta tanto tiempo”.

“Uno escucha la palabra ‘cuarentena’ y le da un poco de miedo”, dice Dezalot mientras cuenta los días. A más tardar el domingo debería poder salir a las calles y recuperar su vida normal. El hotel en el que se aloja tiene habitaciones grandes, todas individuales, ocupadas por estudiantes y está cerrado al público en general. “Como no se puede usar el aire acondicionado, la primera noche me morí de frío, después me trajeron una estufa eléctrica”, agrega.

Tres guardias se ocupan de mantener la seguridad, aunque algo temerosos por estar a cargo del cuidado de personas que, potencialmente, podrían tener el virus. Tres veces al día le tocan la puerta y le entregan la comida. Otras dos veces pasan médicos a tomarle la temperatura. Antes de comenzar el período de encierro, Febe firmó una declaración jurada en la que se comprometía a informar si tenía síntomas.

– ¿Qué hacés durante el día para matar el tiempo?

Sabía que iba a tener 14 días, así que me traje todo para estudiar. El lunes ya comienzo las clases, aunque van a ser online durante todo marzo. Por ahora, miro series, muchas películas y empecé a hacer yoga, porque no está bueno estar quieta: por más que sea joven, la espalda te empiece a doler un poco por tanto tiempo sentada o acostada.

Febe dice que no está preocupada porque ya pasó el pico de mayor contagio, estipulado por las autoridades chinas para la semana pasada, en la que la mayoría de las personas retomaron lentamente la actividad normal. “El clima está cediendo, así que veo un poco más de optimismo. Mi ventana da a la calle y hay más movimiento”, describe. Si bien algunos familiares le expresaron temor, asegura que no estuvo en sus planes regresar a la Argentina: a su beca aún le quedan seis meses y un pasaje ida y vuelta tiene un elevado costo. “Es fácil contagiarse, pero el virus no es letal, a menos que tengas una deficiencia cardíaca u otro problema”, suma.

DE TIANJÍN A BUENOS AIRES, EN ‘AUTOCUARENTENA’

Leonardo Crespo viajó de Tianjín a Foshán para visitar a su hermana durante las vacaciones de enero, un período de receso total en China por la festividad del año nuevo, en el que suele paralizarse la actividad comercial y educativa por completo. La mayoría de las personas regresan a sus ciudades o pueblos para reunirse en familia a celebrar y descansar. La ciudad en la que vivía y trabajaba es la segunda más afectada por el brote de coronavirus y ya no pudo regresar a su hogar. Luego de un mes prácticamente encerrado, logró salir del país y viajar a la Argentina, y aunque llegó hace apenas dos días – con las advertencias ya vigentes en todo el mundo – dice que no recibió ningún control y que por eso decidió resguardarse unos días en cuarentena en un departamento en la Capital Federal. Ahora, planea regresar en algunas semanas para reincorporarse a su trabajo.

Crespo llegó a China hace casi seis años para estudiar el idioma. Luego hizo una maestría en Comercio Internacional y hace meses consiguió un empleo. Su hermana viajó junto a su novio hace dos años y se instalaron en Foshán, a 1.000 kilómetros de Wuhan. A pesar de la distancia, debieron someterse a estrictas normas de aislamiento. Para fines de enero ya no había posibilidad de salir a la calle sin barbijos, y en los edificios los guardias de seguridad se encargan de tomar la temperatura a quienes entran y salen.

Si bien tenían restricciones, pudieron salir a comprar comida. “Cocinábamos mucho porque no teníamos qué hacer, el encierro es muy fuerte. Inventábamos juegos, miramos muchas películas, series. En los supermercados la gente salía a abastecerse de comida, pero también ahí había controles”, cuenta a BigBang.

Viajamos todo el tiempo con barbijo, en Buenos Aires nadie nos controló”.

Pero a mediados de febrero, cuando la situación ya era crítica, Leonardo y su hermana decidieron adelantar su viaje a la Argentina, un periplo que incluyó una escala en Dubai y otra en Río de Janeiro. Arribaron a Ezeiza el lunes y sorpresivamente no recibieron ningún control. “Viajamos todo el tiempo con barbijo, nos controlaron cuando salimos de China pero no en Buenos Aires. Se debería trazar qué hizo cada persona, dónde estuvo, a dónde va a ir, porque el virus puede ser asintomático hasta 14 días”, señala.

Por eso, Crespo alquiló junto a su hermana un departamento en la Ciudad de Buenos Aires para quedarse en cuarentena, aún sin tener un diagnóstico concreto. “Decidimos quedarnos unos días encerrados y hacer la cuarentena por nuestros propios medios. En estos días salimos pocas veces, con barbijos. En una farmacia cuando fuimos a comprar nos dijeron que no vendían. Nadie nos sugirió qué hacer, no hay un protocolo, ¿qué pasa si alguno tiene un síntoma?”, se queja.

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