La parálisis de la obra pública pasó factura en pleno invierno. La demora en la reversión del Gasoducto Norte dejó a los talleres y fábricas de la región sin suministro para priorizar los hogares. El impacto de un freno estratégico.
La crisis energética golpea de lleno al aparato productivo en el interior del país. En un escenario de bajas temperaturas recurrentes, varias regiones experimentan el impacto directo de la falta de infraestructura: industrias operando al 0% de su capacidad debido a la restricción total del suministro de gas.
La alarmante parálisis pone en evidencia el costo económico y social de una decisión política: las demoras y el freno inicial a la reversión del Gasoducto Norte, una obra considerada estratégica para conectar la abundancia de Vaca Muerta con las provincias norteñas, que pagó las consecuencias de la suspensión de la obra pública a comienzos de la gestión de Javier Milei.
La paradoja energética: gas récord, pero sin transporte
La contradicción que describen los sectores industriales resume la encrucijada actual del país. Argentina produce volúmenes históricos de gas en Neuquén, pero no cuenta con los ductos finalizados para trasladar ese recurso hacia el Norte, una región que históricamente dependía del declinante gas de Bolivia.
Ante la escasez y para evitar cortes en el consumo residencial (viviendas y hospitales), el Gobierno optó por la vía del racionamiento al sector productivo:
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Corte total: Decenas de grandes fábricas y talleres debieron apagar sus máquinas por completo al recibir la notificación de “restricción a cero”.
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Parates acordados: Ante la falta de insumo, muchas firmas debieron consensuar con los sindicatos el adelantamiento de vacaciones, suspensiones temporales o tareas de mantenimiento técnico.
“Esos 10 o 12 meses que estuvo parada la obra nos llevan a llegar a este invierno con esta situación”, señalan desde los sectores industriales del norte, apuntando directamente al tiempo perdido en el tendido de los caños.
El impagable costo del GNL importado
La alternativa oficial para paliar el bache estacional es la importación de Gas Natural Licuado (GNL) a través de los buques regasificadores. Sin embargo, para el sector industrial, esta salida resulta inviable desde lo financiero.
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El gas de Vaca Muerta ronda los 4,5 dólares por millón de BTU.
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El valor del GNL importado en el mercado internacional se disparó hasta rozar los 25 dólares por millón de BTU.
La industria local advierte que es imposible absorber un insumo multiplicado por seis en un contexto de recesión interna y caída de ventas. De este modo, la falta de previsión en infraestructura vuelve a emerger como el principal cuello de botella de la economía real, transformando el promocionado “superávit energético” en talleres vacíos y persianas bajas.
