El abuelo de la agricultura natural

Masanobu Fukuoka (1913-2008) se expresaba enérgicamente. “No me gusta la palabra trabajo”, respondió cuando le preguntaron por la filosofía del no hacer (wu wei) que inspiró su método de agricultura natural. “Los seres humanos son los únicos animales que tienen que trabajar y esa es la cosa más ridícula del mundo. Otros subsisten simplemente viviendo, pero la gente trabaja como loca pensando que debe hacerlo para poder estar viva”.

Las investigaciones de Fukuoka arrancaron en la década de los treinta. Tenía 25 años y una neumonía le provocó una crisis existencial que le llevaría a tomar una decisión trascendental: abandonaría su trabajo de fitopatólogo del Departamento de Aduanas de Yokohama, dejaría atrás un futuro prometedor en la Administración nipona y se instalaría en una cabaña en la granja familiar para experimentar sobre el terreno.

Fukuoka fue un autor radical y visionario: su filosofía y sus métodos de agricultura natural sacudieron el paradigma aún hoy dominante de la agricultura industrial e impulsaron el auge de la agricultura ecológica y la permacultura, disciplinas que lo consideran su abuelo. Ahora, gracias a un exitoso crowdfunding, acaba de publicarse en castellano la octava y última obra de Fukuoka, Sembrando en el desierto (Cauac Editorial Nativa), en la que se recogen las investigaciones de sus numerosos viajes para la regeneración vegetal de los desiertos.

En uno de ellos, en 1998, recaló en Mallorca. “No entiendo cómo a los turistas les puede gustar un sitio que muy pronto será un desierto”, dijo provocador. En la isla dejó huella y algunos discípulos. Desarrolló varios proyectos de regeneración y reforestación junto al diseñador Guillem Ferrer y el permacultor Julio Cantos. Ambos se grabaron a fuego los consejos del sabio agricultor y todavía hoy tratan de aplicarlos a sus iniciativas: “Observar a la naturaleza, imitarla humildemente y actuar sólo cuando es estrictamente necesario”.

 

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