Verónica Miguez y Jimena Caballero, directora y profesora integrante del proyecto, respectivamente, se refirieron sobre el trabajo en la inclusión para personas con discapacidad.
Docentes de la Universidad Champagnat crearon el prototipo para Nacho Pavesi (19), un apasionado por las excursiones de montaña.
Dijeron cómo surgió la idea y fue concretada: “Partimos desde la base de un vehículo que pudiera trasladarlo, también visitamos el terreno y observamos las dificultades” afirmaron los miembros del equipo.
Además relataron la primera experiencia de prueba de la silla. “Fue una experiencia muy gratificante. Nacho estaba muy feliz, todo el tiempo nos agradecía”.
El vehículo es similar a un trineo, pero con ruedas, en el que el estudiante puede acomodarse sentado y, con ayuda de hasta cuatro tripulantes pueden trasladarlo y hacerlo trepar por barricadas, laderas y cañadones.
Manos a la obra
El primer paso fue diseñar un prototipo con las medidas ergonómicas de Nacho. En esa etapa fue fundamental la participación de Antonio Vela, el asistente terapéutico del adolescente, que lo acompaña en todas partes.
Tomaron como modelo base la silla de ruedas que el alumno usa para moverse en la escuela. Al principio, trabajaron en el proyecto sin estar seguros de conseguir los recursos y los proveedores para poder fabricarlo.
Nacho era convocado para algunas pruebas de lo que iban creando “Se enojaba cuando le costaba subirse, de a poco lo fuimos adaptando”, explica Miguez,
Hasta que llegó el día de la prueba final, a mediados de octubre. Tenían que ir a los senderos del cerro y probar en todas las dificultades del terreno la silla de ruedas adaptada.
Al equipo de profes y la familia se sumaron cuatro porteadores del Aconcagua, Adriel “El pelado” Díaz, Renzo “El Pocho” Setticase, Nico Sotelo y Emanuel Boccia. Son amigos de Mauricio, que en la temporada de escalada acarrean hasta 40 kilos con carpas, calentadores, ollas, comida y ropa de los clientes que contratan una expedición a la montaña más alta de América (6.962 msnm).
“Si no funciona la silla, lo íbamos a alzar entre todos”, pensó el profe. Pero no hizo falta. Nacho alentaba con un balbuceo: “Dale, dale”. Estaba eufórico. La prueba fue un éxito.
