Ambulancia del Deseo nació en Países Bajos, en 2007, para acompañar a pacientes terminales, dependientes y sin movilidad. Hace dos meses, Juan Manuel Gálvez llevó la iniciativa a Santa Fe: ya concretaron once viajes y espera que se replique en toda la Argentina.
Teresita quería ver el río Paraná, en la costa de Rosario. Sentir el viento en la cara y volver a los años en que, correteando por allí, se sintió feliz. Junto a sus hijos, tomó mate de leche y sonrió. A los pocos minutos, y sin que nadie lo hubiera planeado, un saxofonista comenzó a entonar El día que me quieras. Los sonidos de la composición de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera la llenaron de emoción y le hicieron entender que allí debía estar.
Atraviesa la última etapa de una compleja patología y su último deseo era salir de la sala de internación para compartir una tarde distinta junto a su familia. Una tarde que se pareciera a tantas de las que había vivido con sus hijos cuando ellos eran chicos. Después, siempre acostada en una camilla, visitó el Monumento a la Bandera. Se encontró con la imagen de Manuel Belgrano, que antes no estaba, y agradeció a Juan Manuel Gálvez por llevarla hasta allí en la Ambulancia del Deseo, un servicio gratuito para pacientes terminales, dependientes y sin movilidad física.
En junio de este año, la iniciativa, nacida en 2007 en Róterdam (Países Bajos), llegó a Rosario de la mano de Juan Manuel, enfermero y bombero, que hoy se sorprende y agradece por la recepción que está teniendo. Ya realizaron once viajes, hay ocho personas en espera y planean realizar, al menos, dos por semana.
Pronto, la iniciativa —con otras caras y otros nombres— llegará a Tucumán y a otras ciudades del país. Juan Manuel sueña con que algún día la ambulancia amarilla, con el logo verde que combina la estrella de la vida, símbolo de los servicios de emergencia, con una mariposa, recorra todos los caminos de la Argentina. Que, cuando alguien la vea pasar, sepa que allí adentro viaja una persona que, antes de despedirse de la vida, todavía tiene un deseo por cumplir.

La ambulancia amarilla con una mariposa verde: el valor de cumplir el último deseo
Para Juan Manuel, hay algo que todavía resulta difícil de explicar cuando vuelve de uno de esos viajes. Trabaja hace años en emergencias y está acostumbrado a que una ambulancia signifique dolor, urgencia, preocupación. Pero en Ambulancia del Deseo sucede lo contrario. “A pesar de que es un momento difícil porque el paciente está en la etapa final de la vida, nos deja una sensación gratificante”, cuenta.
No es la sensación que queda después de atender una emergencia ni el cansancio de haber atravesado una situación límite. Es otra cosa: la certeza de haber ayudado a que alguien pudiera vivir, por un rato, algo que parecía haber quedado fuera de su alcance. “Con tantos años viendo pacientes mal, graves, en situaciones difíciles, acá descubrí otra cosa: ser parte de esto también es gratificante para el equipo de salud que acompaña a las personas”, asegura el enfermero.
La idea que hoy lleva una ambulancia amarilla por las calles de Rosario nació mucho antes y muy lejos de allí. Juan Manuel la conoció en España, durante una capacitación que hizo con el Servicio de Atención Médica de Urgencia (SAMU). Le llamó la atención encontrar ambulancias destinadas a acompañar a personas que, por su enfermedad, ya no podían acercarse por sus propios medios a lugares que habían formado parte de su vida cotidiana.
“He aprendido que las personas que van a morir tienen pocos deseos”, dice Kees Veldboer, el chofer de ambulancia que creó la Fundación de los Deseos de la Ambulancia, tras un impulso de ayudar a un paciente

Entre las cosas que escuchó entonces hubo una frase que se le quedó grabada: “Ojalá sea más frecuente ver gente en camillas en los parques, en los paseos, en los museos… Normalizar la enfermedad viendo gente en camilla disfrutando de un día de sol, como lo hace cualquiera”. Para él, que llevaba años trabajando arriba de una ambulancia, aquello significaba mirar su profesión desde un lugar completamente diferente.
No se quedó con la duda: quiso saber cómo funcionaba. Se contactó con Rotterdam, en los Países Bajos, donde todo había comenzado veinte años atrás con una situación tan simple como inesperada. En noviembre de 2006, el chofer Kees Veldboer trasladaba en ambulancia a Mario Stefanutto, un paciente terminal que debía ser llevado de un hospital a otro. Ese día, tenía una cita programada, pero al llegar, les informaron que tendrían que esperar: la habitación para Mario todavía no estaba lista. Llevaba tres meses postrado en una cama y no quería volver a estar encerrado, por eso Kees le preguntó si quería ir a algún lugar para pasar ese rato. Mario había sido marinero durante toda su vida y no lo dudó: deseaba volver a ver el mar. El paramédico manejó hasta el canal de Vlaardingen, cerca del puerto de Róterdam, y abrió las puertas de la ambulancia para que Mario, recostado en su camilla, pudiera contemplar el agua y los barcos… Así estuvieron casi una hora, bajo el sol. Al ver cómo se le llenaban los ojos de lágrimas de emoción, Kees entendió cuánto podía significar un gesto tan sencillo.

Pero la experiencia no terminó ahí. Kees le preguntó a Mario si le gustaría volver a navegar y, aunque el hombre respondió que era imposible por su condición, el paramédico le prometió encontrar la manera. En su día libre consiguió una ambulancia, pidió ayuda a un colega y contactó con una empresa de excursiones por el puerto. Días después, volvió al hospital para llevar a Mario a navegar. Esa experiencia marcó el resto de su vida: entendió que, incluso al final de la vida, cumplir un deseo sencillo puede devolverle a una persona alegría, libertad y dignidad. Mario murió ese mismo mes.
Inspirado en el exmarinero, Kees creó la Fundación Ambulancia del Deseo en los Países Bajos. Quería cumplir la voluntad de pacientes que atraviesan el final de sus vidas, de aquellos que ya no pueden trasladarse por sus propios medios. Pero la historia de Mario no terminó allí: quedó ligada para siempre a la iniciativa. En cada viaje, la organización entrega a los pacientes un osito de peluche que lleva su nombre. Actualmente, el osito Mario llegó con la Ambulancia del Deseo a veintidós países.

Una idea que encontró su lugar en Rosario
Cuando Juan Manuel volvió de Rotterdam, decidió que quería llevar esa experiencia a Rosario. Ya había visto cómo funcionaba el modelo y qué había detrás de cada salida: desde la recepción de los pedidos hasta la organización de los traslados, la participación de los voluntarios y las condiciones de seguridad. “Me llevé todas esas inquietudes: cómo tomaban los servicios, qué les decían que sí, qué no, cómo programaban los deseos, cómo hacían con los voluntarios, cómo eran las ambulancias. Todo eso me lo traje”, recuerda.
Con esa experiencia comenzó a darle forma al proyecto argentino. La idea era replicar una iniciativa que ya funcionaba en distintos lugares del mundo, pero adaptada a la realidad local. Para eso reunió a un equipo integrado por enfermeros, médicos, psicólogos, técnicos y bomberos. Hoy son 23 integrantes y hay más de 100 voluntarios inscriptos para colaborar con la iniciativa.
El siguiente paso fue darle una estructura que permitiera sostener el proyecto. La Universidad Nacional de Rosario, a través de la facultad de Ciencias Económicas, los acompañó de manera solidaria y gratuita en la constitución de la fundación. Así, el grupo pudo convertirse en una organización con respaldo institucional y una forma de trabajo propia.

Ambulancia del Deseo Argentina se convirtió así en el país número 22 desde aquella primera que había comenzado en los Países Bajos en 2007. La experiencia de Kees Veldboer había cruzado fronteras y ahora el océano para encontrar una nueva sede en Rosario. “En realidad, en Argentina nadie había hecho esto. No solo la fundación, sino que nadie se ocupaba de llevar pacientes a disfrutar”, dice Juan Manuel.
La idea ya tenía nombre, una fundación, un equipo y una ambulancia. Entonces llegaron los primeros pedidos y, con ellos, los primeros viajes. En cada salida, Juan Manuel y su equipo empezaron a descubrir qué significaba realmente abrir esa puerta amarilla y volver a llevar a una persona a un lugar que creía que ya no podía volver a visitar.
Hay deseos como el de Teresita: ver el río y pasar unas horas con su familia. Otros piden ver por última vez a su equipo de fútbol o entrar a un estadio. “Eso pasó en Róterdam y ellos no son muy futboleros”, cuenta Juan Manuel. Por eso, sueña con que se sumen clubes como Rosario Central y Newell’s, además de River, Boca, Independiente y otras instituciones

Once viajes rodeados de amor
Todo se puso en marcha a finales de junio pasado. Los primeros pedidos llegaron y la ambulancia comenzó a salir. Cada uno tenía una historia diferente y requería una preparación particular, porque no se trata simplemente de trasladar a un paciente: hay que conocer su estado, saber qué quiere hacer y evaluar si es posible hacerlo de manera segura. En poco tiempo, Ambulancia del Deseo ya realizó once viajes y tiene otras ocho personas en espera.
Juan Manuel cuenta que detrás de cada pedido hay una pregunta sencilla: qué quiere volver a hacer si pudiera salir de la internación. Puede ser visitar un lugar, reencontrarse con alguien o simplemente pasar unas horas al aire libre. “Nosotros primero escuchamos el deseo del paciente y después vemos cómo podemos hacerlo. No es solamente decir que sí; tenemos que evaluar las condiciones, organizar todo y garantizar que pueda disfrutar de ese momento”, explica.
Cada salida implica además un trabajo que empieza mucho antes de encender el motor. El equipo se comunica con la familia, con los profesionales que atienden al paciente y organiza los recursos necesarios para que la experiencia pueda desarrollarse sin ponerlo en riesgo. La ambulancia lleva todo lo necesario para acompañarlo durante el recorrido y permanece disponible durante el tiempo que dure la salida.

En ese proceso, Juan Manuel descubrió que muchas veces el deseo no tiene que ver con algo extraordinario. Puede ser volver a un lugar conocido, mirar el río, tomar unos mates o compartir una comida con la familia. “A veces son cosas muy simples, pero para ellos tienen un valor enorme porque saben que quizás es la última oportunidad que tienen de hacerlo. En Róterdam hubo pacientes que pidieron ver a sus equipos de futbol o ir a los estadios, y eso que no son muy futboleros”, cuenta, esperanzado de que en Argentina se sumen clubes como Rosario Central y Newell’s, además de River, Boca, Independiente y otras instituciones.
La respuesta de las familias también empezó a mostrarles la dimensión que podía alcanzar el proyecto. Personas que llevaban mucho tiempo concentradas en tratamientos, internaciones y cuidados volvían a encontrarse, aunque fuera por unas horas, con una parte de su vida que la enfermedad había dejado en pausa.
Por eso, para el equipo, cada viaje termina siendo algo más que un traslado. La ambulancia puede llevar a un paciente hasta un lugar determinado, pero lo que ocurre allí ya no depende del vehículo ni del recorrido. “Nosotros hacemos posible que lleguen, pero después empieza otra cosa. Verlos disfrutar, ver a la familia acompañándolos, es lo que hace que todo el esfuerzo tenga sentido”, dice Juan Manuel. Cada nueva salida vuelve a plantear la misma pregunta con la que comenzó todo: qué puede hacerse para que una persona, aun atravesando el final de su vida, tenga la posibilidad de vivir algo que todavía desea.

El deseo de Paco
Uno de los pedidos llegó desde el Hospital de Niños. Paco, un nene con una enfermedad compleja, había pasado momentos duros, pero tenía un deseo: salir de paseo con sus tres hermanos y levantar la Copa del Mundo. Le gusta el fútbol, como a su hermana, y el equipo buscó una salida que pudieran disfrutar juntos. “La médica nos contó que tenía una patología complicada, pero el niño estaba consciente y que quería un paseo con los hermanitos. Es fanático de Messi y buscamos algo recreativo para él”, cuenta Juan Manuel sobre el emotivo paseo en el predio ubicado en Parque Héroes de Malvinas.
Fueron al Museo del Deporte Santafesino. Cuando el equipo explicó qué hacían ahí, Juan Manuel encontró una puerta abierta que hoy agradece: los recibieron fuera del horario habitual, para que Paco pudiera recorrerlo sin entrar en contacto con demasiadas personas. La sorpresa para Paco fue saber que allí guardaban el sexto Balón de Oro y el sexto Botín de Oro que Lionel Messi ganó en 2019. No fue todo: había una réplica de la Copa. “La miró, la tomó entre sus manos, le sacamos fotos de recuerdo. Lo disfrutó mucho”, recuerda Juan Manuel.
La salida continuó con una merienda junto a sus tres hermanos y su mamá en un local de hamburguesas del Parque Independencia. No habían reservado mesas, ni pedido nada especial ni habían hablado previamente con el lugar, pero cuando la encargada vio llegar la ambulancia amarilla, se acercó para saber qué hacían allí y decidió sumarse al gesto.
“La chica se acercó y nos regaló toda la merienda. Paco no podía comer, pero sí sus hermanitos. Ese gesto de la encargada, que fue una forma de solidarizarse con la causa, fue muy emocionante porque le salió del corazón”, dice y reconoce que son esos momentos inesperados los que terminan completando cada viaje.

Que muchas ambulancias amarillas recorran el país
Desde que comenzó a funcionar en Rosario, la respuesta superó las expectativas de Juan Manuel. Ahora, el objetivo es poder sostener el ritmo y llegar, al menos, a dos salidas por semana. “Cuando arrancamos no sabíamos cómo iba a responder la gente. Y hoy nos sorprende la cantidad de pedidos que tenemos y también la cantidad de personas que quieren colaborar”, cuenta.
En solo un mes, más de 100 personas se inscribieron para ser voluntarias y acompañar la iniciativa. La idea es que Ambulancia del Deseo pueda llegar a otras ciudades y que cada vez más pacientes tengan la posibilidad de acceder a un viaje.
El próximo paso será Tucumán, donde la iniciativa ya comienza a tomar forma, y después otras ciudades del país.

La intención es que el modelo pueda replicarse con nuevas ambulancias, nuevos equipos y personas dispuestas a hacer posible esos últimos deseos. “Ojalá Ambulancia del Deseo se expanda en todo el país y ojalá, en un futuro, podamos tener ambulancia propia. Esta está en comodato y vamos para todo Rosario, el área metropolitana”, explica Juan Manuel. Aunque no se anima a pedir nada, lo ilusiona pensar en que haya unidades sin usar y en buen estado que se puedan donar.
Para Juan Manuel el sentido de la ambulancia está no en llevar a alguien hacia el final de sus días, sino en acompañarlo hacia un último momento en que todavía puede ser feliz.
*Quien desee pedir cumplir un deseo y realizar un viaje o ser parte del voluntariado puede escribir a fundacion.ambudeseo.arg@gmail.com | Istagram ambulanciadeldeseo.arg | donaciones al alias: ambulancia.deseo.mp – CVU: 0000003100086667294723 – a nombre de Fundación Ambulancia Del Deseo
