La ceremonia se realizó en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima ante unas 50.000 personas. A las 8:15 de la mañana, la hora exacta en que un bombardero estadounidense B-29 lanzó la bomba atómica sobre la ciudad el 6 de agosto de 1945, los asistentes guardaron un minuto de silencio al sonar la campana de la paz.
Japón conmemoró este jueves el 81º aniversario del bombardeo atómico de Estados Unidos sobre Hiroshima con un llamado a abandonar la disuasión nuclear, mientras el alcalde Kazumi Matsui advirtió que justificar esas armas y recurrir a la fuerza puede conducir a una nueva tragedia como la ocurrida en 1945.
La ceremonia se realizó en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima ante unas 50.000 personas, entre ellas representantes de alrededor de 120 países y regiones, incluidos Estados Unidos e Irán. A las 8:15 de la mañana, la hora exacta en que un bombardero estadounidense B-29 lanzó la bomba atómica sobre la ciudad el 6 de agosto de 1945, los asistentes guardaron un minuto de silencio mientras sonó la campana de la paz.
Durante su declaración de paz, el alcalde Kazumi Matsui cuestionó a las principales potencias por mantener conflictos armados y por sostener la posesión de armas nucleares bajo el argumento de la disuasión.
“Restar importancia a la inhumanidad de las armas nucleares y aceptar el uso de la fuerza para perseguir la propia prosperidad entraña el riesgo de ciclos de represalias violentas que, en última instancia, podrían desembocar en otro Hiroshima o Nagasaki”, afirmó.
Matsui también sostuvo que numerosos dirigentes políticos continúan respaldando esa estrategia militar. “Demasiados líderes políticos aún consideran la disuasión nuclear un enfoque realista y legitiman la violencia, lo que simplemente aleja aún más un mundo sin armas nucleares”, expresó durante el acto oficial.
El alcalde además exhortó a cada ciudadano a conocer las lecciones de la historia y actuar para impedir que una tragedia similar vuelva a repetirse.
La ceremonia se desarrolló en un contexto marcado por el debate sobre la política de defensa de Japón. La primera ministra Sanae Takaichi participó por primera vez en el acto desde que asumió el cargo y manifestó que su gobierno mantendrá “un enfoque realista” para alcanzar un mundo donde nunca se utilicen armas nucleares, dentro del marco del tratado de las Naciones Unidas destinado a impedir la proliferación de ese armamento.
Las declaraciones de la jefa de gobierno coincidieron con las especulaciones sobre una posible revisión de la política de seguridad japonesa cuando el Ejecutivo presente nuevos documentos de defensa más adelante este año.
Takaichi respalda revisar los tres principios no nucleares adoptados por Japón tras la Segunda Guerra Mundial. En particular, defendió la posibilidad de eliminar el tercero, que establece que el país no permitirá la introducción de armas nucleares en su territorio.
Durante la ceremonia, la primera ministra señaló que Japón mantiene esos tres principios de la posguerra, aunque no expresó un compromiso para conservar esa política en el futuro.
El debate genera preocupación entre los sobrevivientes de los bombardeos atómicos, quienes consideran que aumenta el respaldo internacional a las armas nucleares como herramienta de disuasión. Esa inquietud también alcanza al propio gobierno japonés.
Japón permanece bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos y en reiteradas oportunidades solicitó garantías de Washington sobre el mantenimiento de ese compromiso y una protección reforzada. En ese marco, el gobierno japonés rechazó la petición de los sobrevivientes para firmar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares o participar en sus reuniones como observador.
El ataque del 6 de agosto de 1945 destruyó gran parte de Hiroshima y dejó 140.000 muertos. Tres días después, una segunda bomba atómica cayó sobre Nagasaki, donde murieron 70.000 personas.
Japón anunció su rendición el 15 de agosto de 1945, hecho que puso fin a la Segunda Guerra Mundial y también a casi medio siglo de expansión militar japonesa en Asia.
Ocho décadas después de aquellos acontecimientos, el número de sobrevivientes continúa en descenso. Según los datos difundidos durante la conmemoración, permanecen con vida 91.105 hibakusha, cerca de una cuarta parte del total original. Su edad promedio supera los 86 años.
Los sobrevivientes también expresan preocupación por el paso del tiempo y por la posibilidad de que desaparezca el recuerdo directo de los bombardeos. Muchos de los hibakusha más jóvenes eran niños muy pequeños cuando ocurrió el ataque y conservan recuerdos limitados de aquella jornada.
