El astro argentino volvió a frotar la lámpara en un encuentro cerrado y de alta tensión. Con una genialidad en dos tiempos, rompió el cero y encarriló la victoria de la Selección.
El partido se presentaba como un auténtico dolor de cabeza. El rival, abroquelado atrás y apostando al desgaste físico, parecía haber encontrado la fórmula para neutralizar el juego colectivo de la Selección Argentina. Faltaban ideas, el reloj empezaba a jugar su propio partido y la tensión se sentía en el ambiente. Hasta que apareció él.
Cuando el equipo más lo necesitaba, Lionel Messi demostró por qué sigue siendo el dueño absoluto del destino futbolístico de este plantel. No hizo falta una jugada colectiva de veinte pases, sino un destello de pura jerarquía individual: un control magistral y una ejecución perfecta para destrabar un partido que nacía complicado.
La jugada del partido: del pase quirúrgico a la red
La acción se inició tras una recuperación rápida en mitad de cancha. El balón viajó llovido hacia la frontal del área, una zona densamente poblada por defensores rivales. Lo que para cualquier mortal habría sido una pelota difícil de dominar, para el “10” fue el inicio de una obra de arte:
-
El control: Con un toque sutil y orientado con el pecho (o la zurda), Messi durmió la pelota en el aire, descolocando por completo al marcador central que salía a romper.
-
La ejecución: Sin dejarla caer del todo y antes de que el arquero pudiera achicar el ángulo, sacó un remate preciso, con tres dedos, colando el balón junto al palo más lejano.
“Fue una jugada rapidísima. Vi el espacio y por suerte entró”, declaró el capitán al término del encuentro con su habitual modestia, minimizando lo que en las repeticiones televisivas ya se perfila como uno de los grandes goles del año.
Un desahogo clave
El gol de Messi no solo rompió el cero en el marcador, sino que cambió por completo el desarrollo táctico del juego. Con la ventaja a favor, el rival se vio obligado a adelantarse y dejar los espacios que la Selección tanto había buscado durante la primera mitad.
Con este destello de genialidad, el crack rosarino vuelve a demostrar que el paso del tiempo no afecta su capacidad para ser determinante en los momentos más calientes.
