¿El frío despierta el hambre? Qué dicen nutricionistas y cómo evitar el aumento de peso

Baja la temperatura y muchas personas sienten que el cuerpo les “pide” platos más calóricos. Especialistas consultadas por Infobae explicaron que el organismo no requiere tantas calorías adicionales como se cree y brindaron recomendaciones para mantener hábitos saludables.

La llegada de las bajas temperaturas modifica hábitos alimentarios y despierta la percepción de un mayor apetito. Según especialistas en nutrición, este fenómeno responde tanto a factores biológicos como culturales y emocionales, y puede influir negativamente en la calidad de la dieta durante el invierno.

Nutricionistas consultadas por Infobae explicaron que el frío genera una tendencia a elegir comidas calientes, abundantes y de mayor aporte calórico, como guisos, pastas, chocolates y panificados. Sin embargo, advierten que el requerimiento energético del organismo no varía tanto como se suele creer, especialmente en personas que permanecen en ambientes calefaccionados.

El aumento del apetito en invierno se asocia a una combinación de memoria genética, búsqueda de confort y menor actividad física. Las especialistas recomiendan no utilizar el frío como excusa para perder el control alimentario y proponen estrategias para mantener una nutrición equilibrada durante los meses fríos.

¿Por qué el frío parece aumentar el apetito?

De acuerdo con la licenciada en Nutrición y jefa del Servicio de Alimentación del Hospital Italiano María Eugenia Castro (MN 1.969), “durante el invierno el organismo tiende a buscar alimentos que aporten mayor sensación de saciedad y bienestar”. Según su análisis, este aumento del apetito por comidas energéticas “tiene relación con una memoria genética vinculada a la necesidad de conservar el calor corporal”.

Primer plano de una persona vestida con suéter gris comiendo pasta con un tenedor y cuchara. La mesa está llena de guisos, pasteles, croissants y bebidas calientes humeantes.El descenso de la temperatura suele asociarse a un incremento en el consumo de comidas calóricas y platos reconfortantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista observó que “muchas personas dejan de consumir ensaladas, frutas, yogures o bebidas frías y comienzan a elegir comidas más calientes, abundantes y de mayor aporte calórico, como guisos con chorizo o panceta, pastas con salsas cremosas, chocolates, facturas, frituras y comidas rápidas”.

Y tras asegurar que “pese a la percepción extendida, la energía que el organismo necesita para cumplir funciones vitales no cambia significativamente en invierno”, señaló que “algunas personas perciben que los alimentos con alto contenido de agua, como frutas y verduras, generan mayor sensación de frío durante esta época del año”, lo que explica la disminución de su consumo.

Por su parte, la licenciada en Nutrición Laura Romano (MN 5.992) sostuvo que “el frío sí puede aumentar el gasto energético y favorecer más apetito, pero el ‘hambre de invierno’ no es solo biología: también influyen las emociones, las costumbres y el tipo de comidas que elegimos cuando baja la temperatura”.

Una persona con gorro y suéter gris come sopa caliente de un tazón blanco con una cuchara, sentada frente a una ventana con paisaje invernal y una vela encendida.Nutricionistas recomiendan elegir preparaciones calientes y nutritivas, como sopas caseras, guisos con legumbres y verduras cocidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aclaró que, aunque existe un aumento del gasto energético por el frío, “suele ser mucho menor de lo que la mayoría imagina, sobre todo si vivimos y trabajamos en ambientes calefaccionados”. Para la especialista, la preferencia por guisos, pastas y chocolates tiene “mucho más de hedónico y cultural que de hambre fisiológica pura”.

En ese sentido, Romano enfatizó que “no se come solo por hambre”. “Comemos por placer, por costumbres, por emociones y por vida social”, aseguró, y advirtió que la combinación de menor actividad física y mayor consumo de alimentos altos en calorías “favorece el aumento de peso”, por lo que es clave no utilizar el frío como justificación para perder el control en la alimentación.

Claves para una alimentación equilibrada en invierno

Castro recomendó “elegir preparaciones calientes y nutritivas, como sopas caseras, guisos con legumbres y verduras cocidas”, y mantener el consumo de vegetales “incorporándolos en sopas, tortillas, soufflés, salteados o preparaciones al horno”. La nutricionista aconsejó “consumir proteínas en cada comida para aumentar la saciedad, como carnes magras, huevos y legumbres. Y preferir carbohidratos de buena calidad, como avena, papa, batata, arroz integral y legumbres”.

Infografía sobre comer en otoño. Muestra ilustraciones de personas comiendo sopa, con frío, y gráficos sobre razones del apetito y consejos de nutrición.

Respecto al consumo de frutas y verduras, Castro sugirió que “frutas como naranjas, mandarinas, manzanas o bananas pueden conservarse a temperatura ambiente, listas para el consumo sin necesidad de refrigeración, lo que facilita incorporarlas diariamente”. Además, advirtió evitar “el exceso de productos ultraprocesados, snacks y panificados.”

Romano aportó que los guisos y sopas típicos de invierno pueden ser “supernutritivos” si se componen de proteínas magras, muchas verduras y carbohidratos ricos en fibra, como lentejas, porotos o arroz. Así lo explicó: “Un guiso de lentejas hecho con carne magra, con muchas verduritas, con salsa de tomate, con cebolla, con morrón, zanahoria, calabaza, es una comida recontra nutritiva que genera mucha saciedad y nos calienta el cuerpo”.

Guiso de porotos caliente en olla azul con cuchara de madera. Ingredientes frescos como porotos secos, cebolla, ajos, zanahorias, papas y perejil en mesa de madera.Planificar comidas calientes y nutritivas ayuda a mantener el equilibrio nutricional sin resignar el placer de comer en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto a las sopas, aclaró: “Si tiene solo verduras, es una entrada o un acompañamiento de la comida. Pero para que la sopa sea una comida completa, tiene que tener alguna fuente de carbohidrato y alguna proteína. Entonces le puedo agregar huevo, pollo, cubitos de queso, arroz o fideitos y hacer una comida súper completa y nutritiva llena de verduras”.

Sobre la forma de consumir las verduras en las sopas, Romano prefirió “que tenga las verduritas cortadas y que haya mucha verdura verde, que aporta nutrientes más variados y al cuerpo le cuesta más digerir si tiene las verduritas así todas enteras”, ya que “al procesar se digiere más rápido, pero la fibra sigue estando”.

Ambas especialistas coincidieron en la importancia de mantener el consumo de frutas y verduras durante el invierno, adaptando su presentación para que resulten más apetecibles en climas fríos.

Hidratación y hábitos para evitar el aumento de peso

Durante el invierno, la sensación de sed suele disminuir y, por lo tanto, es habitual descuidar la hidratación. Castro resaltó: “No descuidar la hidratación: además del agua, pueden incorporarse infusiones calientes como té, café o mate”,

VisualesIA - Vaso de agua, hombre, Beber agua, Tomar agua, Ayuno Hídrico, Ayuno Terapéutico,La hidratación suele descuidarse en invierno por la menor sensación de sed; las infusiones y el mate contribuyen al consumo de líquidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Romano coincidió en que “también las infusiones y el mate cuentan dentro del consumo de líquido”, y recomendó que “esas infusiones o el mate no estén endulzados, en el caso del azúcar, para no incorporar azúcar extra y en el caso del edulcorante, que no tenga demasiado edulcorante para que no aumente el umbral dulce”.

Ambas especialistas subrayaron que “durante el invierno suele disminuir la actividad física y aumentar el sedentarismo, por lo que el gasto energético diario tiende a ser menor”. Por ello, aconsejaron “sostener la actividad física de manera regular, incluso durante los meses fríos”, y atender al equilibrio en la elección de alimentos para evitar el aumento de peso durante la temporada invernal.

La clave, coincidieron, está en adaptar la alimentación al invierno “sin perder calidad nutricional”. “Las comidas calientes pueden ser saludables e igualmente sabrosas si están bien planificadas”, concluyó Castro.

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