Argentina – Reflexiones sobre la infección presidencial…

La noticia de la confirmación* del test positivo de COVID-19 del Presidente de la Nación, el doctor Alberto Fernández, generó un gran revuelo en la opinión pública.

Fundamentalmente porque persiste la idea de que una vacuna es un producto que corta la cadena de transmisión de un agente infeccioso, como ocurrió con las vacunas recibidas en la infancia contra enfermedades que han sido erradicadas justamente por la vacunación. Esta idea, lo hemos visto, se nos ha transmitido con el casi deber cívico de vacunarnos para proteger a los demás (la vacuna contra la COVID-19 por el momento no es obligatoria).

Este deber cívico en relación con las vacunas del Calendario Nacional de Vacunación está plasmado en la legislación argentina a partir de la ley 27.491/2018 “Control de Enfermedades Prevenibles por Vacunación”, con carácter obligatorio, considerándolas como bien social, remarcándose, entre otros, la prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular. Se establece la creación de un Registro Nacional de la Población Vacunada Digital, el cual nos viene ahora a la mente con la actualidad de la implementación de la credencial digital de vacunación COVID-19 en la plataforma Mi Argentina, al estilo de los pasaportes sanitarios que se van instaurando en los países desarrollados. También se podrán integrar los resultados de test PCR COVID-19 realizados. La idea es, cuando avance la vacunación, que sirva de pasaporte para las reservas de pasajes, accesos a aeropuertos y el ingreso a otras naciones.

Una anécdota importante al respecto, que no ha sido muy mediatizada, en relación con el riesgo de que puedan ser vacunadas personas que no saben si tuvieron o tienen la infección, es el caso del doctor Alejandro Collia, Subsecretario de Servicios e Institutos del Ministerio de Salud, quien vacunado con la primera dosis el mismo día que el presidente (21 de enero 2021), al tercer día comenzó a presentar malestares. Actualmente el funcionario sigue internado para su recuperación de la COVID-19, luego de haber pasado por un coma farmacológico y estar conectado a un respirador. Esta situación, nos hace pensar si hay que tomar precauciones previas al acto de la vacunación, y también para detectar a aquéllos que tengan anticuerpos desarrollados por haber cursado la infección de manera asintomática. En el sitio vacunate.salta.gob.ar entre las contraindicaciones a la vacuna COVID-19, se menciona el ser sospechoso de la enfermedad o contacto estrecho de alguien infectado, estar cursando la enfermedad, pero no se señala el caso de aquéllos que puedan haber cursado la enfermedad sin darse cuenta.

En cuanto al “apartheid” (en afrikáans significa separación) que se quiere instalar entre vacunados y no vacunados, nos interesa aportar ciertas reflexiones. Por un lado, considerar el dato de una resolución** del Consejo de Estado francés, con fecha 1 de abril 2021, que al pedido de un vacunado de 83 años para ser eximido de las restricciones de desplazamiento, toque de queda y confinamiento impuestas por el gobierno francés a partir del 19 de marzo 2021, resolvió que las personas vacunadas pueden ser portadoras del virus y contribuir a su difusión en proporciones que no son conocidas actualmente, razón por la cual quedan sujetas a las mismas restricciones que los no vacunados.

Esto está confirmado en nuestro país por las actuales medidas para la conservación de los gestos barrera aún para los vacunados. Por lo cual, el interrogante de cuál es la función de las vacunas COVID-19, ha quedado finalmente aclarado para la población en general, con la confirmación de la infección presidencial. La vacuna le permitirá al presidente experimentar la infección de manera leve, sin pasar a las etapas graves que obligan a la internación, reanimación o que ocasionan la muerte (esto en el caso de que no haya efectos adversos apreciables en el mediano o largo plazo, o riesgos de amplificación como el sufrido por el funcionario mencionado anteriormente).

También esto nos hace interrogarnos sobre la efectividad de la estrategia para evitar la diseminación de la COVID-19. Si los vacunados circulan, y si pueden contagiar, quiere decir que tales pasaportes sanitarios no tienen mucho sentido, porque podrían estar circulando personas infectadas, lo cual se ha tratado de evitar con las medidas de confinamiento hartamente practicadas en nuestro país en 2020 (medidas que tampoco han sido efectivas para este fin).

De allí, vamos a preguntarnos sobre el tipo de vacunas COVID-19 que se están utilizando en nuestro país. Por lo que se nos dice, que previenen formas más graves de la enfermedad, que igualmente hay que conservar los gestos barrera (lavado de manos, distanciamiento social, uso de barbijo), podemos concluir que estamos en presencia de las llamadas vacunas imperfectas (aquéllas que previenen muertes reduciendo la enfermedad, pero no previenen la infección, replicación y la transmisión).

Un estudio*** publicado en julio 2015 (Imperfect Vaccination Can Enhance The Transmission Of Highly Virulent Pathogens) expresa en su tratamiento que “si las vacunas humanas con fugas [en comparación con las leaky vaccines o vacunas con fugas utilizadas para la enfermedad de Marek en los pollos -experiencia de la cual se obtienen los datos del estudio-] también pudieran crear las condiciones en las que puedan prosperar cepas más virulentas, esto dependerá entre otras cosas, de los factores selectivos que actualmente impiden la aparición de cepas hiperpatógenas en poblaciones humanas. Nuestros datos subrayan que una comprensión integral del impacto de las vacunas en patógenos no puede terminar en la fase III de los ensayos clínicos o en la implementación posterior de estudios de frecuencias antigénicas o serotipos”. En este estudio también se menciona la diferencia entre la evolución de la virulencia impulsada por la vacuna imperfecta conceptualmente distinta de la evolución de variantes de escape antigénico que también se ha observado con frecuencia (con vacunas u otros medicamentos mutagénicos). Las vacunas con fugas entonces, tampoco cumplirían el objetivo de reducir la mortalidad o las fases graves de la enfermedad, si producen la emergencia de cepas de patógenos que sean más peligrosas para los no vacunados.

El hecho de que se hayan desarrollado múltiples variantes del SARS-CoV-2 Wuhan (californiana, Manaos, británica, sudafricana, etc.) es un signo de alarma para los expertos y la población. Uno de los primeros expertos en hablar de los mutantes del virus, fue el denostado profesor Didier Raoult (denostado por quienes no reconocen el excelente manejo de la COVID-19 realizado por el Institut Hospitalier Universitaire Méditérranée Infection, institución dirigida por este gran experto en enfermedades infecciosas de renombre mundial). En efecto, hace 6 meses, un video**** del profesor en el canal YouTube del IHU, fue censurado pero posteriormente repuesto, porque justamente el profesor Raoult comenzaba a hablar de las variantes del virus, encontradas en la secuenciación de genomas que iban realizando conjuntamente con los testeos COVID-19 (todas las publicaciones científicas y pre-prints se encuentran en el sitio web***** del IHU Méditérranée Infection). El profesor Raoult sigue ahora la pista de la aparición de variantes a partir de criaderos de visones en Francia, encontrándose a la espera de que se le dé acceso a los datos obtenidos con la secuenciación de genomas correspondiente realizada por otra institución pública francesa. También se encuentra investigando el origen de la variante Marseille-4, proveniente de África, para lo cual viajó a Senegal.

Si estas investigaciones prosperan, tal vez estemos cerca de la causa de la generación de las variantes del SARS-CoV-2, es decir, ¿son producto de la intervención humana en criaderos de animales, de la intervención humana en humanos, o son de origen “natural”?

Es lamentable que la crisis pandémica siga abordándose sin otros recursos que el vacunatorio (con productos experimentales con autorizaciones de uso de emergencia) y confinamientos de probada ineficacia, habiéndose probado en ensayos clínicos diversos en el mundo, la efectividad de tratamientos profilácticos y terapéuticos con medicamentos conocidos desde hace décadas, varios de ellos prohibidos de ser recetados por los médicos en varios países del mundo (como permitidos en otros).

En conclusión, el mundo entero es, actualmente, escenario de uno de los mayores ensayos llevados a cabo con la humanidad, cuyos rastros van quedando impresos en las curvas disponibles en diversos sitios****** que registran las estadísticas de la COVID-19.

Fuente: La columna de Sandra Carral Garcín, Cuarto: Salta a diario

 

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