Hoy se cumplen 40 años de la mayor quema de libros sucedida en la Argentina y la séptima de la Historia Universal. El 26 de junio de 1980, la genocida dictadura cívico militar quemó 24 toneladas de libros, el equivalente a 1.500.000 de ejemplares. El “ejemplar acto” se llevó a cabo en el terreno baldío de la localidad de Sarandí (Ferrero y Agüero), partido de Avellaneda, Pcia de Bs As. Si bien no fue ésta la única quema de la expresión del terror (yo pude ver la quema de libros de la biblioteca de nuestra Facultad, en el patio de la misma), ya que esto formaba parte del plan sistemático ideado por la CIA y los EEUU, este hecho representó el atentado más grande registrado contra la cultura nacional y la culminación de un ataque despiadado a una de las editoriales más prestigiosas que existió en el País y en el continente: el Centro Editor América Latina (CEAL).
La última dictadura cívico militar instauró el régimen del terror desde el Estado, persiguiendo a autores y editores, con encargados desde los ministerios de cultura y educación de examinar libros y publicaciones, recorriendo librerías para prohibir títulos “subversivos y peligrosos”, como “El Principito”, por ejemplo. Hubo quienes, para salvarlos del olvido, los enterraron, escondieron o incluso modificaron sus portadas para que no fueran reconocidos por los censores.
El CEAL creó colecciones de gran calidad, de todas las disciplinas de la vida y a precios muy accesibles, a través de circuitos de distribución poco tradicionales que excedían las librerías y llegaban hasta los quioscos. De la mano de un equipo de reconocidos intelectuales, escritores y diseñadores argentinos que le dieron una impronta creativa y original, sus producciones formaron parte de una experiencia editora independiente que no perseguía el lucro, sino la multiplicación de los saberes y las personas librepensadoras.
