SALTA – Nisman, 5 años: ¿Y si fue suicidio, qué hacemos? – ARGENTINA

La mal llamada “pericia” de Gendarmería Nacional debería ser revisada a fondo por la Corte Suprema, todos los peritos, las partes y observadores de probada independencia. La verdad sigue encerrada en el maldito baño.

Cinco años. Hora de terminar con las teorías sin sustento fáctico, las especulaciones y los manoseos. Digámoslo en seco: es imposible constatar, suponer e incluso aventurar que en ese baño y ese departamento hubiese alguien más que Natalio Alberto Nisman en el instante en que una bala calibre 22 perforó su cráneo, entre la sien y la línea anterior de la oreja derecha. La hipótesis oficial del homicidio cometida por dos o una persona requiere que esos supuestos asesinos supieran volar, levitar o desmaterializarse. Ningún servicio de inteligencia ni fuerza especial ha llegado a tanto. La escena del hallazgo del cadáver de Nisman quedó congelada en un sinfín de fotos y filmaciones. Nadie pudo movilizar un cadáver de casi 90 kilos sin dejar siquiera una huella de pisada o arrastre en las micro gotas de sangre desparramadas por el piso tras el ingreso del disparo a la cabeza. Esas micro gotas, o parte de ellas, además, jamás habrían llegado al piso si en medio de ese “spray” de sangre se hubiese interpuesto otra persona. Mucho menos dos. A diferencia de las balas, las gotitas de sangre no tienen capacidad de atravesar cuerpos.

Los peritos más calificados de la Corte Suprema y la Policía Federal trabajaron sobre esa escena en caliente y con todas las pruebas frescas a mano. Todos esos médicos y criminólogos coincidieron en que era imposible determinar la presencia de terceras personas. El cuerpo estaba caído sobre la puerta (del lado interno, obvio), con la cabeza recostada sobre la zona de la bisagra inferior. Y el departamento estaba cerrado con llaves de seguridad por dentro. Es falso que no hubo “ningún rastro” de deflagración de pólvora en las manos del fiscal: las pruebas en sí mismas no resultaron concluyentes, pero se determinó la existencia de unas 80 partículas compatibles con los compuestos químicos de la pólvora. Es falso que las cámaras de seguridad del edificio y del ascensor no funcionaban.La mal llamada “pericia” de la Gendarmería, hecha dos años después y sin acceso a la escena ni a las pruebas en estado puro debe ser revisada con urgencia. Sería el mejor homenaje a Nisman. Es la Corte Suprema quien debería decidir esa medida, para terminar de cuajo con este pornográfico sainete. Hay un muerto. No es “cualquier muerto”. La Corte Suprema tiene la ventaja, más allá de representar lo que representa en el andamiaje judicial, de haber pasado el expediente del fuero ordinario al federal sin prejuzgar la calidad de las instrucciones iniciales ni predeterminar cómo murió Nisman: lo hizo dada la calidad institucional del difunto y por la trascendencia de lo que investigaba. Claro que la Corte es parte del problema. La oscura politización de la Justicia también la enchastra. Una revisión seria y transparente de esa mal llamada “pericia” podría ayudar al Máximo Tribunal a ponerse al frente de un necesario “refresh” en busca de devolverle algo del prestigio y el decoro perdidos a la “señora de ojos vendados”.

Fuente: Perfil.com

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