Maléfica, dueña del mal se apodera de la cartelera

Hace poco más de cinco años se estrenó Maléfica y, si bien aquella recreación live-action de La bella durmiente, clásico cuento de hadas de Charles Perrault, tuvo una recepción crítica no del todo entusiasta. Disney encontró 760 millones de razones (dólares) en todo el mundo -y casi dos millones de espectadores en la Argentina- como para justificar y articular una secuela. El problema es que esta segunda entrega -más allá de un notable elenco que repite a sus principales figuras y de la espectacular parafernalia visual- luce todavía menos convincente que su predecesora.

Entre la épica romántica, el cine fantástico (hadas, gnomos, árboles caminantes) y un remedo bélico que combina un poco de Game of Thrones y otro tanto de El señor de los anillos, el director noruego Joachim Rønning (responsable de la valiosa Kon-Tiki: Un viaje fantástico y de otra producción de Disney como Piratas del Caribe: La venganza de Salazar) construye un relato que nunca alcanza a fascinar ni a entretener demasiado.

Las escenas (peripecias en el bosque, vuelos sobre paisajes paradisíacos, fiestas multitudinarias, hechizos, batallas) se suceden y en varios casos alcanzan incluso momentos de indudable belleza, pero la narración luce casi siempre mecánica, forzada, calculada, artificial, impidiendo así una mayor conexión emocional con los conflictos.

Aunque el material que le toca en suerte no es particularmente sutil ni inspirado, lo mejor de Maléfica: dueña del mal tiene que ver con su elenco: desde el magnetismo de Angelina Jolie (esta vez con un personaje que resulta mucho más heroína que villana) hasta la convicción de Elle Fanning como la Aurora que quiere casarse con el príncipe Philip (Harris Dickinson) y así unir dos reinos, pasando por una Michelle Pfeiffer esta vez poco aprovechada como la despiadada -y arquetípica- reina Ingrith, madre de Philip y futura suegra de Aurora.

Las imágenes de imponentes castillos con sus fastuosos salones, la multitud de minúsculos y encantadores personajes destinados al disfrute de los más pequeños (aunque el film está calificado para mayores de 13 años) y la intensidad que aporta en cada una de sus apariciones Angelina Jolie no alcanzan a compensar la falta de coherencia y fluidez que en varios pasajes aqueja a un relato con escasos hallazgos y espasmódicos logros.

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