SALTA-(Ernesto Bisceglia).- Un fenómeno propio de la política –de la vieja política- es la tendencia de los conductores a mantener en pie sus equipos de asesores o ministros. El fallido Juan Manuel Urtubey tenía por máxima repetir que “Equipo que gana no se cambia” y si bien ganaba (dinero sobre todo), lo que terminó resultando de aquello es que pasó de ser un “equipo” a consolidarse como una banda.
Hemos iniciado nuevos tiempos sociales y por supuesto políticos. Cuando Gustavo Sáenz ganó las elecciones, cuando formó su gabinete y asumió, la historia de la humanidad era otra. Desde el día en que se sentó en el sillón del Grand Bourg a la fecha, aquello ya no existe. Hoy la historia plantea desafíos diferentes.
Y vino la pandemia del COVID-19
Con la generalización de la pandemia de Coronavirus el escenario determinó que lo que hasta ayer pensábamos que era conducente, hoy ya no lo es. La realidad exige levantar la cabeza del problema y mirar hacia el futuro inmediato. Porque esta situación irá cambiando por horas.
Esto dice de la dinámica que se precisa hoy para gobernar.
El reclamo de los profesionales de la Salud en Salta es histórico, porque no es un reclamo salarial sino un argumento de vida. Los médicos, enfermeros y todo el personal implicado en el sistema hoy piden seguridad y condiciones sustentables para realizar su trabajo. Piden que se respete su vida.
El cambio es versatilidad y conducción
Las crisis reclaman líderes, no políticos ni burócratas. Hoy es preciso nombrar gente de acción, lúcida y con buenos equipos de asesores. La toma de un punto estratégico se hace con planificación, táctica, equipo liviano y liderazgo. El gobernador Gustavo Sáenz ha demostrado hasta aquí su capacidad de liderazgo, pero el equipo es pesado, la táctica no existe y la planificación no está aprobando el examen de las circunstancias.
Juan Domingo Perón decía sobre la conducción que hay que “Actuar y pensar, como forma de escapar a la tiranía de la inmediatez”. Y separaba al caudillo del conductor. El caudillo se aprovecha de la desorganización para enriquecerse, a esto ya lo hemos visto. Pero el conductor se aprovecha de la organización.
Mientras el caudillo pervierte, el conductor enseña, educa y forma políticos y ciudadanos para la política.
Perón señalaba también que “Si un conductor, después de haber manejado un pueblo, no deja nada permanente, no ha sido un conductor: ha sido un caudillo.” He aquí, el gran desafío de Gustavo Sáenz sobre cómo pasar a la historia, si como un conductor o como un caudillo más de los tantos que reconoce Salta.
El caso de la Salud es Salta es testigo; el reclamo ya se derrama por las calles y se trata del sector más estratégico en estas horas. La Salud en Salta exige un sanitarista y no médicos de gabinete. En Salta los hay y muy buenos, aunque no sean “del palo”. El Bien mayor a proteger -la Salud pública- ordena, como decía Perón, no ser intransigente. Hay que tener visión histórica.
Otros focos de tensión se están produciendo en el terreno docente y en la seguridad. No menos está el ámbito político mismo. Todos estos espacios están requiriendo de líderes sectoriales porque los políticos tradicionales tienen su tiempo ya vencido.
Para Gustavo Sáenz, la hora es de hierro. De sus decisiones depende pasar a la historia como el conductor que transformó a la provincia, o como un caudillo más, que empleó el derecho de pernada con su pueblo.
