Tantas como quieras, pero sólo los sábados. Esta es la ley no escrita que establece que en Suecia sólo está permitido comer golosinas ese día de la semana, especialmente entre los más pequeños.
De ahí, el concepto lördagsgodis, que se puede traducir como “dulces de los sábados”. Placer controlado. Es el día en el que abundan las familias con bolsas de papel escogiendo entre las decenas de opciones de dulces que ofrecen los supermercados y las tiendas especializadas.
A pesar de esta restrictiva tradición, Suecia destaca como uno de los países con un mayor consumo de dulces. Hasta 16 kilos por persona cada año de media, o algo más de un kilo a la semana en un hogar con dos adultos y dos hijos.
La afición por los dulces no es algo reciente. A principios del siglo pasado, el azúcar llegó a provocar un auténtico problema de salud pública. En 1938, cuando Suecia implantó el servicio público de salud dental (inicialmente para los menores y más adelante extendido a otros colectivos), prácticamente toda la población tenía caries: se sabía que afectaban a un 99% de los reclutas del ejército, y se suponía que se podía aplicar el mismo porcentaje al resto de la sociedad, incluso a los niños de corta edad. Un estudio había mostrado que a los tres años ya tenían más del 80% de la dentadura afectada.
En 1957, el gobierno sueco lanzó una gran campaña de concienciación de la que surgió el concepto de los lördagsgodis. “En Suecia, se convirtió en una tradición para los niños comer dulces en casa el sábado por la noche mientras escuchaban un popular programa de radio. La recomendación ‘todos los dulces que quieras pero sólo una vez a la semana’ también se extendió a otros países”
