Notas sobre la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania e Irán en Medio Oriente.

 

Por Luis alvarez Primo
01 de octubre de 2026
Bella Vista, Buenos Aires, Argentina

La atención mundial de la semana pasada estuvo concentrada en la 81 Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York. Dos notas contrastantes caracterizaron el encuentro. Por un lado, la “hybris” (desmesura) de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu, respectivamente representante el primero del imperialismo sionista judeo-masónico estadounidense y el segundo primer Ministro del Estado paria de Israel, cuyas políticas genocidas son repudiadas por la inmensa mayoría de la humanidad. Por otro lado, y en saludable y digno contraste, se pudo observar el fino ejercicio de la diplomacia de la más alta escuela reflejado en la actividad de los Ministros de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Seyez Araghchi y el de Rusia, Sergei V. Lavrov, quienes fueron intensamente solicitados por innumerables embajadores de distintos estados para mantener reuniones de consulta al margen de la Asamblea.
El bravucón Donald Trump recurrió típicamente al exabrupto criminal de declarar nuevamente que “aniquilará a Irán” (90 millones de personas), y Netanyahu, con idiosincrática arrogancia y aire de superioridad judía, llamó “cobardes morales” al nutrido conjunto de embajadores y representantes de los estados que abandonaron la Asamblea cuando él se aprestaba a dar su discurso en una sala casi vacía.
Naturalmente, este trasnochado “excepcionalismo” sionista estadounidense-israelí no hace más que obnubilar la inteligencia de quienes lo asumen, agravando los conflictos en curso, que siguen escalando hacia un desenlace inevitable: la derrota del imperialismo sionista tanto en Ucrania como el sudoeste de Asia.
Tristemente, como argentinos debimos asistir a las declaraciones obsecuentes y “payasescas” del presidente de la Argentina, Javier Milei, a quien Netanyahu llamó “Lubavitch… de los nuestros”, mientras el bufón argento embelesado se deshacía en elogios al genocida del pueblo palestino enla Franja de Gaza, llamándolo “el líder más extraordinario de la historia”.
En Ucrania, mientras tanto, el ejército ruso avanza en el control de una ciudad tras otra destruyendo todas las instalaciones militares e instalaciones útiles al régimen del corrupto títere de la OTAN y de los EE.UU., Volodymir Zelensky, quien aún se niega a negociar y concertar la paz sin importarle el destino de los ucranianos. La población de Ucrania se ha reducido de 50 a 25 millones de habitantes. (Es conmovedora en este sentido la denuncia que realizó Iulia Mendel, ex secretaria de prensa del corrupto dictador cocainómano Zelensky en una entrevista con Tucker Carlson). Recientemente el ejército ruso ha advertido a todos los extranjeros (personal de embajadas, etc.) residentes en Kiev, capital de Ucrania y sede del régimen, que abandonen no solo Kiev sino Ucrania.
En Irán, la Guardia revolucionaria y el ejército iraní tienen absoluto control del Estrecho de Ormuz y se mantienen en estado de alerta en caso de que el veleidoso Trump se decida a atacar nuevamente. Un nuevo ataque estadounidense-israelí a Irán sería otro gravísimo error del imperio que acelerará así su declinación y caída. En la Península Arábiga, el estulto y arrogante príncipe primer ministro saudí, Mohamed bin Salmán, no sabe ya qué hacer frente al avance imparable de los hutis, quienes controlan el Estrecho de Bab el-Mandeb e islas adyacentes a la costa yemení del Mar Rojo, y avanzan en sus Toyotas artilladas y en sandalias hacia Taiz, la tercera ciudad más poblada de Yemen respaldada por una coalición liderada por Arabia Saudita.
En Europa, la UE deviene política y diplomáticamente cada vez más irrelevante. La alemana Ursula von der Leyen, la estonia Kaya Kallas y el holandés Mark Rute hacen “shadow boxing” denunciando inexistentes amenazas bélicas y una hipotética invasión de Rusia. Los alemanes, los finlandeses, los polacos, y los lituanos y a su manera el cambiante Macrón, les hacen coro. Vladimir Putin los contempla como a niños y reitera hasta el cansancio que si los europeos no agreden a Rusia nada tienen de que preocuparse. Así lo ha dicho por última vez en el reciente foro de Valdai.
En este prestigioso encuentro, entre tantos temas abordados, Putin ha elogiado el heroísmo, la entrega, el temple y la inteligencia estratégica del gobierno de la República Islámica de Irán, de sus fuerzas armadas, de la Guardia Revolucionaria y del pueblo iraní en su conjunto, cuya unidad monolítica ha resultado un escollo insalvable para EE.UU., Israel, los estados del Golfo y la OTAN.
Esa conducción político-militar prudente ha permitido a Irán alcanzar un asombroso desarrollo “misilístico” y la capacidad para superar no solo los bombardeos y crímenes de lesa humanidad de la entente judeo-sionista estadounidense israelí, sino también el bloqueo naval y la tupida paleta de sanciones económicas primarias y secundarias de toda índole que la perversa mentalidad de Scott Bessent, el inefable secretario del Tesoro estadounidense, ha podido imaginar e implementar.
Irán mantiene una “alianza estratégica” con Rusia y China, concertada mediante la firma de minuciosos tratados diplomáticos que se fortalecen en cadaencuentro internacional de sus líderes. El intercambio comercial y tecnológico, así como la información e inteligencia aportada a Irán por los chinos y los rusos ha permitido a Irán mantener a raya con durísimas réplicas a Estados Unidos e Israel. Irán también mantiene una eficaz alianza militar con los hutis de Ansar Allah en Yemen y con el llamado Eje de la Resistencia en Iraq y en el Líbano.
Así las cosas, Trump no tiene otra opción razonable y prudente más que retirarse de Ucrania y de Medio Oriente, tal como Xi Jinping se lo expresó en la reciente cumbre que tuvo lugar en Washington D.C. Pero el Lobby de Israel en Washington D.C. no lo deja.
Como hemos mencionado en notas anteriores, el llamado Lobby de Israel que controla la política exterior de los Estados Unidos fue minuciosamente descripto por John Mearsheimer y Stephen Walt en su libro seminal de 2008.
E. Michael Jones, sin dejar de reconocer el mérito académico de esa obra, la ha criticado acertadamente por no vincular con suficiente claridad el lobby de Israel a sus patrones judíos. Jones ha probado además que los judíos tomaron por asalto el control de la cultura estadounidense a partir del fin de la segunda guerra mundial y en particular desde los años 1965 en que la Iglesia Católica comenzó a ceder a las presiones judías. Jones ha detallado de modo fascinante ese proceso histórico de cooptación e ingeniería social que los católicos deberían conocer mejor, con todas sus estrategias y protagonistas en libros como “Libido Dominandi: Liberación Mundial y Control Político”, o su opus magnum “El Espíritu Revolucionario de los Judíos y su Impacto en la Historia Mundial” y más recientemente en “La Narrativa del Holocausto”.
Desconocer la categoría de realidad “los judíos” y confundirla con “todos los judiós” es como negar la relación entre los conceptos “ manzanas y frutas”: impide profundizar el problema de la llamada cuestión judía y, en definitiva, hallar una solución política al asunto.
En ocasión de la reciente publicación del muy importante libro “Israel’s Lobby. América in the grip of a foreign power” (One Signal Publishers. Atria. Nueva York, 2026) de Eli Clifford e Ian Lustick, Jones ha escrito una reseña en la “UNZ Review” donde aborda críticamente el tema.
Lo cierto es que el libro de Clifford y Lustick, más allá de sus limitaciones en torno a la cuestión judía, hoy es un libro fundamental para quienes se ocupan de este tema vital para quienes aspiran a defender su patria. Por que como bien dice Jones, una vez que los judíos acceden a una institución pública o privada, cualquiera sea, pronto terminan controlándola. No será fácil que este libro sea publicado en español (tampoco hay una versión en español del libro de Mearsheimer) dado que los judíos controlan también el gran mercado editorial en Hispanoamérica.
Para concluir me referiré brevemente al capítulo 3 del libro mencionado: “Israel as a ‘Crazy State’”. Crazy significa “loco”, alienado, enajenado. La expresión fue utilizada por Yehezkel Dror, un politólogo judío-israelí –en la línea del futurólogo Herman Khan–, nacido en Austria, ex profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en su libro “Crazy States: A Counter Conventional Stategic Problem” (Estados locos: un problema estratégico contra- convencional) de 1971. “Crazy” no es utilizado como sinónimo de irracional sino para significar un estado político dotado de medios y capacidad para perseguir objetivos militares extremos, potencialmente peligrosos y dañinos para sus vecinos; con capacidad para asumir un intenso compromiso con sus objetivos, y la disposición a adoptar una postura y una proyección moral de superioridad, aun cuando contradiga las normas del derecho internacional, tanto éticas como legales. Dice Dror que los estados normales se ven obligados a actuar de un modo diferente frente a los estados “locos”, por lo que deben cambiar sus estrategias de disuasión y autodefensa por otras de destrucción y ataques preventivos. El subtexto nada disimulado del argumento de Dror era etiquetar a los adversarios de Israel como “crazy”, estableciendo así una justificación para utilizar contra ellos cualquier y todo tipo de medios, incluidas las estrategias de subversión, guerra preventiva y aniquilación. (dicho sea de paso, es lo que desde hace tiempo también hace Trump, llamando en público “loco” al estado iraní y “locos” a sus líderes religiosos y militares).
Este largo capítulo “Israel como un Estado loco” describe con detalle la violenta historia del Estado de Israel desde poco antes de su fundación en palestina en 1948 hasta el presente: es una historia de crueldad psicopática (el judío mientras mata, llora y se autocompadece (el dicho polaco es: Żyd płacía i bije), de terrorismo, operaciones de falsa bandera, destrucción, liquidación, ocupación, limpieza étnica, erradicación y vaciamiento demográfico, apartheid, matanzas extrajudiciales, torturas, mutilaciones, deshumanización, humillación, demonización, infanticidios, expropiación, estafas, compra encubierta de tierras, agresión a los vecinos y, finalmente, hambre y genocidio, todo encubierto y so pretexto de una pretendida superioridad moral y religiosa.
Lo curioso y paradójico es que la categoría de “Crazy state” diseñada por Dror para aplicar a los adversarios y enemigos de Israel, en realidad, le cabe al propio Estado judío sionista más que a ningún otro en la historia. Como bien denunció san Pablo, después del deicidio “los judíos son enemigos de la humanidad”. Israel, tal como dijo un amigo, es un “estado poseso”.
Luis.alvarezprimo@gmail.com

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