La preocupación por la falta de concentración, el aprendizaje y el bienestar emocional impulsa nuevas restricciones en las aulas. Para UNICEF, el desafío es proteger a niños y adolescentes sin perder las oportunidades que brinda la tecnología.
En el papel no hay notificaciones de Whatsapp, reels, videojuegos que compitan por la atención, ni una IA que resuelva la tarea en segundos: en el aula, frente a una hoja, los estudiantes pueden concentrarse y pensar. “Lo viejo funciona”, como entienden quienes vieron El Eternauta. Los teléfonos móviles, que llegaron a la aulas como herramientas capaces de facilitar procesos educativos, hoy enfrentan cada vez más restricciones por su capacidad de generar distracciones.

Un estudio de Common Sense Media estimó que un adolescente recibe, en promedio, unas 237 notificaciones por día en su teléfono. Este dato proviene del informe “Constant Companion”, que analizó el uso de smartphones en jóvenes de 11 a 17 años. La investigación señala que más de la mitad de los adolescentes supera esa cifra diaria, recibiendo notificaciones durante las horas escolares y nocturnas.
El papel impreso que parecía condenado a desaparecer, mientras ganaba terreno el universo digital, hoy empieza a recuperar su lugar de privilegio.

Suecia, un país que durante años fue referente global en la introducción de laptops y tablets en clase, ahora destina importantes recursos a los libros impresos ante la creciente preocupación de que el uso excesivo de pantallas pueda perjudicar la capacidad de aprendizaje y concentración de los alumnos. A partir de este nuevo ciclo lectivo, a su vez, se prohibirán los teléfonos móviles en las escuelas. El legislador Joar Forsell, presidente de la Comisión de Educación del Parlamento sueco, señaló que las autoridades han observado un deterioro en las competencias generales de lectura y escritura en Suecia, sobre todo entre los alumnos más jóvenes. “Estamos reduciendo el uso de pantallas porque creemos que los libros y los métodos de aprendizaje más tradicionales son mejores para los niños”, afirmó Forsell.

Noruega, otro de los países que más había avanzado en la digitalización en las aulas, fue un paso más allá: desde el nuevo ciclo lectivo restringirá de forma explícita el uso de inteligencia artificial generativa en las escuelas primarias. A partir del próximo curso académico, los estudiantes de entre 6 y 13 años no podrán utilizar herramientas como ChatGPT durante las clases, una decisión con la que el Gobierno busca reforzar el aprendizaje tradicional y revertir la caída en los resultados educativos, observada en las pruebas PISA. Las autoridades consideran que el uso intensivo de dispositivos digitales y las herramientas de inteligencia artificial afectó las competencias básicas como la comprensión lectora, la escritura y la capacidad de concentración. Los noruegos no desterrarán las nuevas tecnologías de las aulas, sino que las incorporarán de manera gradual, de acuerdo a la edad de los estudiantes, sin que afecte los procesos de aprendizaje fundamentales.

La preocupación no es exclusiva de gobiernos que están dando marcha atrás en el uso de estas herramientas. UNICEF también reconoce los riesgos que están detrás de las restricciones al uso de celulares en las escuelas: la distracción en clase, las dificultades para concentrarse, el ciberacoso, la grabación y difusión de contenidos sin permiso y el impacto que el uso excesivo de las pantallas puede tener en el bienestar emocional y en el bienestar cognitivo. “Esas preocupaciones son legítimas y deben atenderse, porque el bienestar emocional y la capacidad de concentración son esenciales para que los niños y las niñas aprendan, para que convivan bien, para que se puedan desarrollar”, dijo Olga Isaza, directora regional adjunta de UNICEF para América Latina y el Caribe.

Proteger el aprendizaje y el bienestar
Pero para UNICEF el debate no se agota en prohibir los teléfonos en clase. “Prohibir el celular en clase puede parecer una solución sencilla, pero no se trata solo de limitarlo, sino de cómo proteger el aprendizaje y el bienestar de los niños, las niñas y los adolescentes, sin cerrarles la puerta a herramientas que hoy forman parte de su educación, de su seguridad y de su vida”, explicó Isaza. En determinados contextos, señaló, el teléfono puede ser una herramienta para hacer tareas, buscar información, leer, traducir contenidos y mantener el contacto con las familias. Para niños en situación de vulnerabilidad puede incluso representar su única puerta de acceso al mundo digital y, para estudiantes con discapacidad cumplir funciones de accesibilidad y asistencia.
Países Bajos es uno de los países que decidió avanzar con restricciones concretas. Hace dos años, las escuelas comenzaron a dejar los teléfonos móviles fuera de las aulas con un objetivo preciso: reducir las distracciones, mejorar la concentración y favorecer el rendimiento académico. Ahora, el gobierno neerlandés busca profundizar las medidas e impulsar en la Unión Europea una restricción para que los menores de 16 años no puedan utilizar las redes sociales como Instagram, TikTok y Snapchat. El argumento es que si los estados pueden limitar el acceso de los menores al alcohol o a los juegos de azar, también deberían intervenir cuando se trata de plataformas diseñadas para generar adicción.
Telefoon t’huis of in de kluis, (“Teléfono en casa o en el casillero”) indican los carteles. Las escuelas no están sujetas a una ley, sino a un acuerdo nacional entre el gobierno, escuelas, padres y profesores, bajo el argumento de implementar rápido las normas, sin ingresar a una batalla legislativa. “Quizás ahora estamos un poco más presentes. En el recreo nadie está con el celular”, dijo una estudiante a la BBC y una docente tuvo la misma observación: “Como maestra, siempre intentás captar la atención de los alumnos. Siempre es un reto conseguir esa concentración en clase, y ahora que los teléfonos están menos presentes, eso sin duda ayuda”, dice. Los estudios realizados en este país respaldan estas percepciones dentro de la escuela. Casi dos tercios afirmaron que el clima social había mejorado, y alrededor de un tercio notó un mejor rendimiento académico. Asimismo, encuestas sugieren que hay menos acoso escolar cuando se retiran los dispositivos del horario lectivo.
Según el informe Global Education Monitoring (GEM) de la Unesco, para marzo de 2026 al menos 114 sistemas educativos —lo que representa el 58% de los países del mundo— implementaron prohibiciones nacionales sobre el uso de celulares en las escuelas. Entre los países que se sumaron recientemente a esta tendencia se encuentran Bolivia, Costa Rica, Croacia, Georgia, Maldivas y Malta.
La especialista de UNICEF invita a mirar el panorama completo sobre el uso de teléfonos móviles en el aula. “Pueden cumplir funciones claves para niños y niñas con discapacidad y para apoyar a estudiantes que están excluidos por diversas razones. Por eso, cuando hablamos de limitar el uso de celulares en las aulas, hay que mirar el panorama completo. Deben limitarse cuando distraen el aprendizaje o cuando exponen a los niños y a las niñas a riesgos que afectan su bienestar y sus derechos. Pero esas restricciones deben ser proporcionales y deben reconocer que no todos los usos de los celulares son iguales, ni que todos los estudiantes están en la misma situación. Eso significa, por ejemplo, contemplar excepciones para niños y niñas que dependen de estos dispositivos por razones de accesibilidad o de apoyo o de asistencia para sus necesidades”.
Según un informe de la Red Grooming LATAM, basado en datos de 14 países, el 63% de los niños y adolescentes de América Latina accede a su primer celular a partir de los 9 años; el 28% antes de esa edad. La mayoría pasa entre 3 y 6 horas diarias frente a la pantalla, y un grupo considerable supera las 6 horas diarias. Las aplicaciones más usadas son WhatsApp, TikTok, YouTube e Instagram. Según esta ONG, los datos recogidos configuran un panorama de hiperconectividad con bajos niveles de conocimiento crítico y sin herramientas para enfrentar los riesgos digitales.

En los últimos dos años varias provincias y la Ciudad de Buenos Aires han avanzado con normativas propias que restringen o prohíben su uso durante la jornada escolar. En el ámbito porteño, desde agosto de 2024, rige una resolución que prohíbe el uso de celulares en los niveles inicial, primario y secundario durante las clases. En primaria, la restricción se extiende también a los recreos. En secundaria, los dispositivos deben permanecer guardados salvo para actividades pedagógicas autorizadas por los docentes. En la provincia de Buenos Aires, la Ley 15.534, sancionada en septiembre de 2025, restringe el uso de celulares en escuelas primarias, tanto en el aula como en los recreos, salvo autorización docente para fines pedagógicos. Y otras provincias como Catamarca, Salta, Neuquén, Tucumán, La Pampa y Chubut tienen normativas similares.
Martina, estudiante argentina y miembro del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de UNICEF, rescata la importancia de estar actualizada con la tecnología. “Yo creo que es una buena medida para poder fomentar un poco más la interacción cara a cara, en persona, ¿no? Pero también creo que es necesario que se pueda usar para algunas actividades pedagógicas, justamente para poder investigar, para poder aggiornarnos a los nuevos recursos y a las nuevas tecnologías que están surgiendo. Entonces, no creo que el debate sea si celulares sí o celulares no en las escuelas, sino pensar cómo empleamos ese uso de teléfonos celulares promoviendo una ciudadanía crítica, responsable y segura, porque tampoco está bueno que la escuela se mantenga ajena de la tecnología emergente, que hoy en día es una realidad y que tenemos que saber cómo usarla”.
La estudiante recuerda que en su escuela usaban los teléfonos celulares para algunas actividades puntuales pedagógicas. “Por ejemplo, si teníamos que hacer alguna investigación o si queríamos usar algún recurso tecnológico, los celulares nos servían un montón para poder automatizar y hacer esas tareas que por ahí de otra forma no hubiésemos podido hacer. Pero también pasaba que en los recreos muchos de nuestros compañeros estaban con los teléfonos y por ahí se perdía un poco de la interacción en el cara a cara, siendo que estábamos todos juntos compartiendo, por ejemplo, el último año de escuela secundaria, que son momentos que no vuelven”.
Recuperar la compañía del otro
Ana Luísa, estudiante brasileña y miembro del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de UNICEF, cuenta que no puede usar el teléfono en ninguna situación, apenas cuando es permitido por los maestros o la dirección de la escuela. En Brasil desde 2025 rige la Ley Federal 15.100/2025, que restringe el uso de celulares y dispositivos electrónicos en todas las escuelas públicas y privadas del país. La norma no implica una prohibición total, sino que limita el uso de estos aparatos a situaciones pedagógicas, de accesibilidad, inclusión, necesidades de salud o emergencias.
“¿Mi opinión sobre la prohibición del uso de teléfonos móviles en la escuela?. Con el paso del tiempo vi que era extremadamente importante, porque ahora tengo mucho más contacto con mis compañeros y conversamos sobre cosas importantes o incluso sobre temas que son triviales. En el tiempo libre, acabamos dejando de lado el teléfono y vemos que tenemos la compañía del otro. Entonces, a veces nos centramos mucho en la cuestión del uso de los teléfonos y olvidamos que tenemos una persona a nuestro lado.”

Según Olga Isaza, directora regional adjunta de UNICEF América Latina y el Caribe, las familias y los educadores tienen un papel clave en todo esto. “Debates como este pueden ser una excelente oportunidad para que nos sentemos a hablar con los niños y las niñas sobre cómo se sienten, cómo nos sentimos, qué lugar ocupa el celular en nuestras vidas, qué hábitos digitales tenemos y cómo podemos asegurar que esos hábitos sean seguros y saludables. Nosotros tenemos que también, prevenir y proteger a los niños formándolos con el ejemplo. Es muy importante que nosotros reflexionemos sobre el uso que hacemos del celular y que podamos tener esta conversación con ellos para protegerlos”, concluyó.
A continuación, el enlace a una guía que UNICEF acaba de presentar en su Portal de Crianza dedicado a esta temática.
