Esta efeméride particular se celebra desde 2014 e invita a todos los usuarios de redes sociales, foros y mensajería instantánea a hablar un único lenguaje en común: el de los emojis, pero ¿es tan universal como se cree?.
Como un esperanto, pero con íconos. Esa es la idea del día internacional del emoji para celebrar la posibilidad de comunicarse más allá de las palabras. Pero ¿qué ocurre cuando los emojis son parte de la comunicación en un contexto de aprendizaje?
Un estudio publicado en European Public & Social Innovation Review y titulado “Emojis en el ámbito educativo: un análisis comparativo entre plataformas digitales” pone en duda la idea de “lenguaje universal” y lo hace con una pregunta que apunta a la asimetría entre un emoji de un estudiante y uno enviado por un profesor y a la diversidad de las plataformas digitales que se utilizan.

Un mismo signo, cuatro caras distintas
La investigación, firmada por María Pérez Hernández, Coral Ivy Hunt Gómez y Mario Ferreras Listán, de la Universidad de Sevilla inicia con una hipótesis de trabajo que parte de una idea de la semiótica clásica: los signos —y los emojis lo son— solo funcionan si son “reconocidos e interpretados” de la misma manera por quien los recibe.
Si bien en teoría se respeta siempre el estándar de codificación Unicode, cada plataforma digital dibuja sus propios signos con pequeñas diferencias. Para medir estas sutilezas, los investigadores tomaron 24 emojis faciales (sonriente, triste, frustrada, asustada, enfadada y asombrada) representadas en las cuatro plataformas (Apple, Android, Microsoft y Google).
El grupo de emojis fue sometido a una evaluación estructurada con cuatro criterios: estética, expresividad, complejidad y significación, desagregados en nueve indicadores puntuados en una escala de 1 a 3. Los emojis de Apple obtuvieron las medias más altas en las seis expresiones analizadas y la menor variabilidad en las respuestas. Android y Microsoft quedaron en una posición intermedia, mientras que Google, en cambio, obtuvo sistemáticamente las medias más bajas y la mayor dispersión de respuestas especialmente en los indicadores de expresividad, precisión y atractivo visual.

Más allá de la estética
La investigación también pone el foco en el emoji como recurso pedagógico, particularmente en la enseñanza de lenguas extranjeras, donde un ícono bien elegido puede anclar el significado de una palabra o suavizar la corrección de un error.
También funcionan, señalan los autores, como piezas que aportan matices no verbales a mensajes escritos al indicar tono y reflejar la relación entre quienes conversan y hasta operan como signos de puntuación emocional.
Aunque el estudio plantea que existe riesgo cuando un docente escribe a un grupo de WhatsApp escolar con una cara “de frustración” pensando en un matiz suave y el diseño que le llega a la familia —según el sistema operativo de cada uno— transmite algo más intenso o directamente ambiguo; esto puede generar que el mensaje pedagógico se distorsione sin que nadie lo note. Un riesgo que se agrava en entornos con alta heterogeneidad de dispositivos, como suele ser un aula o una comunidad educativa completa.
El estudio también recuerda que los emojis no son una invención digital: la comunicación por símbolos antecede a la escritura alfabética, desde el cuneiforme sumerio hasta los jeroglíficos egipcios. Lo nuevo no es comunicarse con íconos, sino hacerlo a una escala masiva y con una promesa de universalidad que, según muestran estos datos, todavía no se cumple del todo.

Pistas para las instituciones educativas y docentes
El trabajo no se limita a documentar el problema sino que ofrece algunas conclusiones de trabajo para quienes diseñan comunicación institucional o material didáctico y quieren utilizar el emoji como recurso.
Entre ellas se destacan no asumir literalidad automática ya que un emoji no transmite un significado fijo; su lectura depende del dispositivo de quien lo recibe, por lo que es clave reconsiderar su uso especialmente para transmitir emociones.
Y siempre se trata de priorizar la comprensión sobre estética y donde una alfabetización emoji en la formación digital puede ser una estrategia para evitar confusiones; además de considerar la brecha entre plataformas y la lectura de los mismos.
Cada 17 de julio millones de personas seguirán enviándose caritas sonrientes convencidas de estar hablando el mismo idioma, pero la evidencia apunta a que tal vez sean dialectos con sutilezas que deben considerarse en términos pedagógicos.
La ciencia, por ahora, sugiere que se trata más bien de cuatro dialectos con acento de fabricante.
