La pobreza bajó al 28%: cuáles los datos que ponen en duda la continuidad de la tendencia descendente

La aceleración de la Canasta Básica Alimentaria por encima de la inflación, sumada a paritarias que corren por debajo del 3% mensual y un estancamiento en el mercado laboral, arrojan un manto de dudas sobre la sostenibilidad de la mejora social en la primera mitad del año.

Los datos de pobreza del segundo semestre del 2025 confirmaron una mejora sensible de los indicadores socioeconómicos. En sólo seis meses, cerca de 1,54 millones de argentinos dejaron de ser pobres y 269 mil personas salieron de la indigencia. El resultado fue consecuencia de que los ingresos familiares crecieron por encima de los aumentos de los insumos de primera necesidad. En detalle, los salarios aumentaron en promedio un 18,3% entre junio y diciembre del año pasado, mientras que el costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió 11,9% y el de la Canasta Básica Total (CBT) se incrementó 11,3 por ciento.

Ahora bien, esos mismos indicadores (salarios, CBA y CBT) muestran una situación completamente diferente en el inicio del 2026 y siembran dudas respecto a lo que pueda ocurrir en el primer semestre de este año.

Un análisis del Ieral (Fundación Mediterránea) pone de manifiesto una inversión en la tendencia de los precios relativos que afecta directamente el poder de compra de los sectores más vulnerables. Según la entidad, la evolución futura de la pobreza está “fuertemente condicionada por la dinámica de los precios”. En un escenario donde los alimentos crecen por encima del nivel general, incluso los ajustes salariales alineados con la inflación promedio pueden resultar insuficientes para sostener el consumo de los hogares.

Al observar el comportamiento anualizado a febrero de 2026, el informe detalla que los salarios del sector privado registrado aumentaron un 32,3%quedando por debajo de la inflación general, que fue del 36,2%. Sin embargo, la disparidad es más aguda al comparar los ingresos con los bienes esenciales: el incremento salarial quedó “considerablemente por detrás del aumento en los precios de los alimentos (40,4%) y de la canasta básica alimentaria (42,1%) en el mismo periodo”. Esta brecha indica que, aunque los salarios totales mostraron un crecimiento del 37,8%, este dinamismo no alcanza para compensar el encarecimiento de la CBA.

Por su parte, un análisis de Equilibra destaca que, aunque la indigencia y la pobreza se redujeron en el cierre de 2025, la CBA y la CBT treparon por encima de la inflación en ese período. En el segundo semestre del año pasado, la suba mensual de la CBA y la CBT fue de 2,6% y 2,5% respectivamente, superando el 2,3% del IPC Nacional. Esta presión se intensificó hacia el final del año.

“La aceleración de la inflación a fines del año produjo caídas del poder adquisitivo contra el tercer trimestre de 2025. La bajas fueron de 1,4% en salarios privados formales y de 2,2% en los ingresos de los empleados públicos. Además, cayeron 2,1% las jubilaciones mínimas, 1,1% la Asignación por Hijo y 6,6% la Tarjeta alimentar. Peor aún, si se comparan estos ingresos contra la CBT, las pérdidas se amplifican en 1,2 p.p. en dicho cuarto del año”, destacó la consultora.

El freno en la velocidad de descenso

La consultora LCG advierte que, con tres meses transcurridos del primer semestre de 2026, existen factores concurrentes que “pondrían un freno en el descenso de la tasa de pobreza”. Entre ellos se destaca una inflación estancada en torno al 3% mensual y salarios formales con paritarias homologadas por debajo de esos porcentajes, lo que implica una caída real de los haberes.

A este escenario de ingresos se suma un deterioro en las condiciones del mercado de trabajo. El informe de LCG señala que el ascenso de la tasa de desocupación en el cuarto trimestre de 2025, junto con una “mayor tasa de sobreocupación y mayor demanda de empleo por subocupación”, marcan la necesidad de mayores ingresos en los hogares para evitar caer bajo la línea de pobreza.

En términos de profundidad, los datos reflejan que salir de la condición de pobreza sigue siendo un desafío de magnitud para las familias. El ingreso familiar promedio de los hogares pobres cubre apenas el 64,3% de la CBT. Según LCG, los pobres “siguen siendo prácticamente igual de pobres”, dado que la mejora en la brecha fue de solo 1,3 puntos porcentuales.

Disparidades regionales y de edad

La mejora registrada hacia finales de 2025, que llevó la pobreza al 28,2% y la indigencia al 6,3%, no fue uniforme en todo el territorio ni en todas las franjas etarias. LCG destaca que, si bien hubo reducciones importantes en el NOA y el NEA, estas regiones mantienen tasas por encima del 32%. El Conurbano bonaerense, por su parte, presenta la segunda mayor tasa de pobreza del país (32,6%) y concentra más del 50% de los pobres totales.

En cuanto a la composición por edad, la pobreza en menores de 14 años se ubicó en 41,3%, manteniéndose 13 puntos porcentuales por encima del promedio general. Asimismo, se observó un dato negativo en el segmento de jóvenes de entre 15 y 29 años, donde la indigencia ascendió levemente en el semestre hasta alcanzar el 8,4 por ciento.

Los factores estructurales y metodológicos

Más allá de la coyuntura de precios y salarios, las consultoras advierten sobre elementos que podrían distorsionar o limitar la mejora de los indicadores sociales. LCG menciona que la línea de pobreza utiliza ponderadores de gasto de la encuesta de 2004/05, lo que no refleja los cambios en los patrones de consumo actuales ni en los precios relativos. Esta falta de actualización genera una “subestimación de la línea de pobreza”, efecto que se ha acentuado desde la no actualización del índice de inflación minorista en febrero.

Finalmente, el Ieral concluye que la mejora en el indicador no debe ocultar “fragilidades persistentes”. El desafío de mediano plazo sigue siendo interrumpir la transmisión intergeneracional de la pobreza mediante el foco en la educación y la generación de “trabajos mejor remunerados” y con ingresos sostenibles en el tiempo. En el corto plazo, la combinación de una actividad debilitada en sectores intensivos en empleo y la pérdida de poder adquisitivo frente a la canasta alimentaria ponen bajo cuestionamiento si la tendencia de 2025 podrá sostenerse durante la primera mitad de 2026.

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