Este viernes en Villa Primavera, familiares, copleros, comparsas y vecinos rindieron homenaje a Severo Báez, referente de la copla y la baguala, en una velación que incluyó cantos, cajas y una procesión hasta el cementerio Santa Teresita.
Severo Báez falleció a los 77 años. Durante la jornada de despedida, comparsas y músicos actuaron en la calle frente a su casa y luego ingresaron al Centro de Residentes Vallistos y Puneños, espacio que él cofundó junto a su esposa, Rafaela Gaspar, y que funcionó como refugio de la tradición regional.
Nacido en Brealito, en los Valles Calchaquíes, llegó a Salta a los 14 años y mantuvo toda su vida un fuerte vínculo con las prácticas rurales y culturales de la región. Fue difusor de la copla y la baguala, integró a lo largo de décadas agrupaciones como Los Bagualeros del Norte Argentino y llevó el folclore local a escenarios nacionales e internacionales.
El homenaje incluyó rituales y símbolos de su trayectoria: el cajón rodeado por copleros, el poncho, el sombrero, la caja, las botas y el traje que identificaron su trabajo y su identidad. La ceremonia se desarrolló con cantos, zambas y poesías tal como lo había pedido la familia.
Su esposa, Rafaela Gaspar, y sus hijos destacaron la continuidad del legado: la familia numerosa —15 hijos, 22 nietos y 8 bisnietos— se comprometió a mantener vivas las celebraciones y prácticas que Don Severo impulsó, entre ellas la Pachamama y las peñas comunitarias.
La despedida reunió a artistas y visitantes provenientes de Salta, Jujuy y la Puna; el cortejo fúnebre partió hacia el cementerio Santa Teresita, donde se concretó el último adiós. El legado de Severo Báez permanece como parte del patrimonio cultural del norte argentino.
