China acaba de cruzar un límite del que casi nadie está hablando.
Y hay que decirlo claro:
ya pusieron en marcha el primer ejército de robots humanoides,
máquinas diseñadas para imitar exactamente la forma en que trabaja un ser humano dentro de sus fábricas.
Estos robots no se cansan,
no necesitan dormir,
no toman agua,
no protestan,
no reclaman sueldos.
Una vez que los compras,
prácticamente no generan gasto y se mantienen solos.
Ellos mismos reemplazan sus baterías,
se encargan de su lubricación,
y en el momento en que uno aprende una tarea,
esa información se transmite automáticamente
a todos los demás robots,
en todas las fábricas al mismo tiempo.
China planea implementar este sistema
en cada una de sus industrias estratégicas.
Eso significa que no solo van a producir más recuerdos baratos o mercancía menor,
sino absolutamente todo:
barcos,
misiles,
automóviles,
drones,
todo lo que puedas imaginar.
No necesitan derechos laborales, señores,
no necesitan sindicatos,
no necesitan negociaciones.
Los robots no se quejan.
Y lo que harán es inyectar
una fuerza brutal a su economía
sin pagar salarios,
porque fabricar estos robots humanoides
es mucho más barato
que crear y sostener a un ser humano.
A una persona hay que darle salud y educación a varios hijos,
luego mantener a los padres,
y recién después
esa persona entra al mercado laboral y empieza a pagar impuestos.
Todo ese proceso cuesta una fortuna.
Con ese mismo dinero,
ellos pueden desplegar
cientos de robots,
doscientos,
trescientos sistemas cibernéticos
trabajando sin parar.
Ahí está tu película apocalíptica.
