Los votos de Pamela Calletti, Pablo Outes y Yolanda Vega serán clave para rechazar o sostener el veto presidencial. Por ahora, los legisladores rechazan el veto, pero cambian de postura sin problemas.
Jubilados y personas con discapacidad recibieron, en los últimos días, una cachetada presidencial: Javier Milei vetó el aumento de las jubilaciones y la declaración de la emergencia en discapacidad. Pero el verdadero show político ahora se traslada al Congreso. Allí, los diputados de Gustavo Sáenz se venden como paladines de la justicia social… hasta que llega la hora de apretar el botón.
Ellos aseguran que están “en contra del veto”. Lo dicen en entrevistas, en redes sociales. Pero la historia reciente es implacable: cada vez que tuvieron la oportunidad de defender sus discursos con votos, terminaron obedeciendo a la Casa Rosada. Son expertos en la acrobacia política: indignación en Salta, sumisión en Buenos Aires.
De todos modos, todos saben que la decisión no está en manos de los legisladores sino en el principal despacho del Grand Bourg. Sáenz mide cada jugada en función de cuánto le conviene mantener el delicado romance con Milei. Si el gobernador consigue una promesa, una obra (aunque nunca se concrete), un guiño, los diputados harán lo que siempre hicieron: hablar de autonomía y votar de rodillas.