CAFAYATE-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Decían los romanos «Res non Verba», hechos, no palabras, y en el caso de Cafayate como es público y notorio, la Gestión municipal viene caminando sobre bolillas esparcidas en el piso, con equilibrio inestable. Pero, aunque dicen que mal de muchos es consuelo de tontos, no es el único lugar donde el Ejecutivo municipal tiene la imaginación tan acotada como el presupuesto.
Convengamos en decir que, a la fecha, nadie conoce cuáles son los ejes centrales de las políticas públicas que se ejecutarán en Cafayate en los próximos años, como tampoco se conocen en el municipio de Vaqueros.
Los Vecinos de Vaqueros y su municipio contiguo, La Caldera, padecen la existencia de un solo puente de ingreso que congestiona de manera hasta peligrosa el tráfico vehicular, especialmente fines de semana, fenómeno que se agudiza en el verano, formándose filas que deben esperar hasta dos horas para salir del municipio.
La idea de trazar un nuevo o nuevos puentes con vías de tránsito más amplias es tan vieja como el cuento de las «Mil y una Noches», porque al igual en ese relato, todos los días se inventa algo nuevo para seguir llevando a los vecinos con la zanahoria delante.
Desde el cacareado inicio de las obras del dicho puente, lo único que se ha visto es un par de máquinas viales cavando y colocando piezas de cemento, además de la tala de valiosos y añosos ejemplares de árboles nativos que quizás hayan sido sacrificados en vano. Y nada más.
Ahora, el intendente de Vaqueros, Daniel Moreno, declara que propuso a «dos potencias» (¿Gatica y Perón?), que construyan el o los puentes y que el municipio les pagará con peaje.
Quizás el problema haya sido que Moreno propuso esto durante el Carnaval y a la salida de la Carpa de Vaqueros luego de ingesta de algún menjunje autóctono, porque la propuesta es a cambio de una concesión de peaje por veinte años; claro, él deja su cuarto mandato en cuatro y que los demás vean que hacen, porque si esa «idea» fuera viable, en cuatro años no estaría terminada, obviamente. Más o menos así.
La otra cuestión es que los vecinos van a tener que pagar por vivir en Vaqueros y La Caldera, ya para salir o para ingresar, «una vez al día», según Moreno dixit. Si tomamos en cuenta que la provincia de Salta para hacer la Circunvalación demoró más de cuatro años y un costo hipermillonario, la obra de Vaqueros que no sólo es el puente porque se sigue con rutas nuevas para lo cual hay que expropiar viviendas para ampliar el trazado de la actual Ruta Nro. 9, y demás, la oferta es por lo menos desopilante.
¿Hasta cuándo hemos de aguantar esta «política» tan barata?
Pero además hay un costado político en este sainete, el que la propuesta de Moreno encaja exactamente en lo que propone el presidente, Javier Milei, que las empresas construyan «a la chilena», entonces nos preguntamos: ¿No era este el intendente que se pintaba de Sergio Massa y ordenaba a sus huestes trabajar por el proyecto Nac&Pop? Recordemos que en los municipios de Vaqueros y La Caldera, Milei «ganó por afano», diría el vulgo. ¿Voviò a cambiar Moreno de camiseta?
Y decimos volvió, porque hay que recordar que llegó a la intendencia de la mano de Alfredo Olmedo, inmediatamente se convirtió al urtubeycismo de modo talibán, luego formó parte de la directiva del Partido de la Victoria con Sergio Leavy y terminó abrazando ardorosamente la causa saencista: «Tengo estos principios, pero ni le gustan, tengo estos otros», diría Groucho Marx.
Lo único que estaría faltando ahora es que el intendente de La Caldera, Diego Zumbay, diga que va a solucionar los graves problemas de la Ruta Nro 9, enderezando el camino de cornisa y pagará la obra con un bingo familiar en la plaza.
Proponer algo así no es serio, es pensar que los vecinos viven en un cotolengo. ¿Hasta cuándo habremos de soportar a estos pseudo dirigentes? Como la política de «Me saco la foto con el plano de la obra» no funcionó, ahora que la paguen los vecinos. No es serio.
Es tan poco serio como que la intendente, Rita Guevara, hubiera dicho: «Para financiar la Serenata, vamos a instalar una calesita en la plaza y con la entrada vamos a pagar a los artistas».
Ya de que nos hagan dar vueltas en el carrusel de la estupidez, estamos todos cansados.-
