Señor director:
En la argentina la clase media está siendo sustituida por la clase dirigente. Es el único ascenso social que se vio en la democracia, crecimiento que se desarrolla dentro de una atmósfera de polvo blanco que por acción u omisión los compromete. La combinación de encierros masivos tan indiscriminados como duraderos durante la cuarentena, la crisis económica y social generada, el hambre y la miseria, junto al crecimiento abismal del narcotráfico, nos lleva al resultado electoral de las últimas elecciones. El pueblo reacciona con lo que tiene a mano. El voto en el cuarto oscuro.
El nuevo presidente electo supo canalizar el hartazgo reinante y lo que parecía imposible e inalcanzable se hizo realidad. El pseudo socialismo sanitario imperante en nuestro país ha sabido construir tantos muros de Berlín, tan imaginarios como la imperceptible omnipresencia viral en el aire, ideas revolucionarias para mantener sujetos al encierro a la población dentro del metro cuadrado de su pobreza.
Este modelo asociado a los entongados científicos de la Big pharma, dueños del mercado de drogas legales, son el modelo de negocio chino para occidente. Negocio centralizado con población cautiva y administrado por la política junto a los grandes emporios de la industria del padecimiento.
Los cuarenteneros compulsivos y coartadores de la libertad han perdido la elección. De aquel triunvirato que anunciaba los encierros formado por Larreta, Fernández y Kicillof, dos de ellos ya quedaron fuera de carrera, el último aún perdura refugiado en el conurbano bonaerense.
Toda regla tiene su excepción. Así hubo provincias como la de Santa Fe donde el gobernador electo ha demostrado hasta el momento la voluntad política de combatir la delincuencia. Eso explica su triunfo. El electorado sabe discernir y ya no se come las campañas publicitarias tan fácilmente.
Están advertidos y lo demuestran cuando votan sin miedos a las represalias, persecuciones y aprietes. Ya no hay nada que perder para los que perdieron todo. Lo más valioso, la vida y la libertad.
Ahora se abre un nuevo capítulo el de la convivencia democrática dentro del cambio que se viene. Ya sabemos que los grupos totalitarios están preparando sus herramientas, paros, movilización, piedras, palos y humo. El pueblo ha votado pero eso no es suficiente para sostener la gobernabilidad y el cambio. Los violentos no descansan en sus prácticas. Habrá que defender la democracia en las calles también.
Ramiro Salazar
