La radicalidad de la medida —renunciar a los puestos de trabajo— podría poner en duda su efectividad. Sin embargo, aclaran que no se trata de una iniciativa nacida en el grupo de facultativos sino de un hecho que ya está sucediendo de forma incesante en la Comunidad de Madrid: muchos profesionales —en solitario— están dejando sus empleos. “Entre los residentes de mi promoción de Atención Primaria —que éramos 22— a día de hoy solo quedamos ocho. De ellos, dos renunciarán la semana próxima porque ya no aguantan más, cinco se marcharon a otras comunidades autónomas y el resto están en Urgencias, en Paliativos y otros espacios”, constata una de las médicas que integran la iniciativa.
Otro profesional se pronuncia en términos similares: “del grupo de graduados al que pertenezco, que éramos 14, ahora quedamos solo tres en Atención Primaria en la Comunidad de Madrid”. Un tercero expresa: “En mi entorno cercano —amigos o conocidos— conozco a cinco profesionales que se han ido y alrededor de una docena que se marcharán ni bien vuelvan los que están de vacaciones. Se han comprometido a cubrir el período vacacional, pero a finales de septiembre lo dejan y ya pensarán qué hacer, si se pillan un máster o se van fuera de Madrid, o alguna otra alternativa. Pero es que no pueden seguir trabajando así. No es digno”, afirma.
Lo verdaderamente alarmante para este colectivo es que se acabe la Atención Primaria, horizonte que ven próximo, “la atención primaria se está muriendo día a día y eso te trae un sentimiento de derrota. Es tristísimo”, se desahoga una doctora. Una colega la apoya: “si crees en la salud pública y en la atención primaria como forma de llegar a toda la población y hasta ahora ha sido así, que esto se acabe es terrible”, se lamenta.
Una facultativa que trabaja en un centro de Vallecas, describe que pocos días atrás tenía una lista de 130 pacientes para llamar durante la tarde, misión imposible. Otro médico describe, “llegas a la consulta, ves tu lista para llamar —algunos ni son tuyos, ni sabes por qué llaman, no sabes lo que les pasa— y te tienes que enfrentar a eso todos los días. Al final es descorazonador y te lleva a preguntarte ¿qué estoy haciendo aquí? Tienes que llamar al azar, algunos serán importantes, otros no, la mitad se quedarán sin llamar y me voy a mi casa. Y mañana, más de lo mismo. Y en medio de esto, la posible tragedia de que alguno quizá esté aquejado de algo grave y tú ni siquiera te enteras, porque llamas aleatoriamente y a lo mejor esa persona se infartó. No queremos ser cómplices de un crimen masivo que las autoridades sanitarias están cometiendo. Es un peligro para la salud de la población, cuyas consecuencias se irán viendo”.
Fuente: Burbuja Info
