Mateo tiene ocho años y vive en Primera Junta. La familia de esta pequeño está conformada por su padres y sus cinco hermanos. Su mamá, Micaela Santos, es quien más tiempo pasas con él. Su papá trabaja en una empresa recolectora de residuos y sus hermanos van todos a la escuela. El pequeño de esta historia padece de retraso madurativo, parálisis cerebral y síndrome de West, por lo que sufre convulsiones diariamente, y más de una.
Micaela se encarga todos los días de acompañar a sus hijos a la escuela, en dos grupos para que el pequeño Mateo no quede solo en casa.
“Vivimos en Primera Junta y acá las calles son un desastre. Mateo tiene la silla postural que nos entregó la obra social, pero ya la rompimos en las calles del barrio. Así que me organicé para llevar a la escuela a los más chicos en la mañana y a los más grandes en la tarde”, contó la mujer, que además lleva tres veces a la semana al pequeño Mateo para que realice sus ejercicios de rehabilitación.
“Él depende en todo de mí. Un día mi marido vio la bicisilla en el centro y le preguntó a la señora que la estaba usando dónde se la conseguía”, recordó Micaela.
Así fue que la pareja se puso en contacto con la empresa que las fabrica en Tucumán. La obra social no cubre este tipo de sillas porque son “para uso recreativo”, por lo que la pareja comenzó con una campaña para juntar los 50 mil pesos que le cobran por el aparato. “Una vez que tengamos la mitad de la plata, la podemos encargar. La doctora que atiende a Mateo debe enviar una serie de medidas que le pide la empresa, porque hacen a medida, y cuando esté lista debemos pagar el resto”, destacó la mujer.
